Historia del crol. Más experimentos. La revolución japonesa (1928-1932)


Yoshiyuki Tsuruta

Ningún nadador japonés había destacado en su primera participación olímpica en Amberes-1920, aunque poco a poco habían ido escalando posiciones, hasta conseguir, en los de Amsterdam-1928, su primera medalla de oro con el triunfo de su bracista Yoshiyuki Tsuruta. Nada de esto, sin embargo, podía hacer presagiar la gran revolución que protagonizarían en los Juegos de Los Ángeles-1932, precisamente cuando parecía todo preparado para que el equipo USA demostrara ante su público la flagrante superioridad que había sido suya en las tres anteriores ediciones de los Juegos.

 
En estas dos últimas Olimpiadas, 1920-1928, y aprovechando su secular organización de la natación (hay noticias que hablan de un edicto imperial del 1603, en el cual se impone la natación como asignatura obligada del programa escolar, enseñanza incentivada con competiciones escolares que se han venido disputando a lo largo de cuatro siglos, y de las que se tiene noticia de una de ellas, disputada en 1810, a lo largo de tres días) los dirigentes japoneses se habían preocupado de ir invitando a los mejores nadadores mundiales del momento (Weissmuller, Charlton, Borg, Rademacher, los hermanos Kealoha, etc.) estudiando sus estilos y métodos de entrenamientos, al tiempo que iban formando sus propios técnicos.
 
Conscientes de las limitadas condiciones físicas de su raza, supieron adecuar los principios fundamentales de cada uno de los tres estilos de natación a sus características físicas, completamente diferentes de las del tipo norteamericano o nórdico europeo, que habían propiciado el primer gran desarrollo de la natación.
 
Apoyados por un lado por su tradicional capacidad de trabajo, imbuidos por el otro de un espíritu nacionalista que los llevaba a entrenar para conseguir la mayor honra de su país y de su Emperador, sus técnicos llegan, finalmente, a desarrollar unos programas de entrenamiento altamente calificados, incluso revolucionarios para su época : sesiones en el agua de cuatro y hasta cinco horas de duración, con dos sesiones diarias a lo largo de un periodo de cuatro o cinco meses, con metraje que podía llegar a los cinco o seis quilómetros, todo ello completado con sesiones de preparación física basadas en gimnasia de flexibilidad, estiramientos, y relajación.
 
También se ofrecía ayuda a los nadadores para la recuperación de todos estos esfuerzos, y de las competiciones, con sesiones de masaje, e inhalaciones de oxigeno, todo ello bajo la férrea disciplina y atenta mirada, paternal y dictatorial a la vez, de un hombre adorado y respetado por sus nadadores, el Catedrático de Química de la Universidad de Tokio, Ikaku Matsuzawa, técnico de prestigio en el mundo de la natación, a la cual se dedicaba apasionadamente en sus ratos libres.
 
Todo lo que se ha trabajado a partir de 1920, “explota” literalmente en la piscina olímpica de Los Ángeles, donde se hunde la tan esperada superioridad USA, para pasar a manos de unos pequeños, y jóvenes, nadadores llegados del Imperio del Sol Naciente, que han puesto sus exiguas facultades físicas (comparándolas con las de sus rivales) al servicio de un deber patriótico, cual puede ser el de ofrecer a su patria los títulos olímpicos de natación.
  
Nunca, hasta aquel momento, habían subido a un podio olímpico nadadores tan jóvenes como lo eran Yasuji Miyazaki, campeón olímpico de los 100m.crol, que todavía no ha celebrado su decimosexto aniversario (y nunca, por lo menos hasta el 2004, se ha visto un campeón olímpico de velocidad tan joven); o Kusuo Kitamura, que cuando todavía no había cumplido sus 15 años, se proclamó campeón olímpico de los 1.500m.crol con un tiempo, 19,12”4, que no fue superado hasta veinte años después (hasta 1988, con la espaldista húngara Krisztina Egerszegi, no se volverá a ver una criatura de esta edad en el escalón más alto del podio olímpico).
 
¿Como fue posible aquella súbita “explosión” de la natación japonesa?
 
Dejando de lado las posibles implicaciones del espíritu nacionalista y el duro entrenamiento a que se sometieron, una gran parte de su éxito debe atribuirse, sin duda alguna, a la inteligente dirección de Matsuzawa y sus colaboradores, al saber adaptar a sus nadadores las características técnicas de los mejores nadadores mundiales.
 
El mismo Matsuzawa comentó, en referencia a esta afirmación, “…..nuestra victoria de 1932 fue posible, seguramente, a haber sabido extraer el mejor provecho del “crol americano” i/o “crol europeo” que los propios norteamericanos y europeos. Sin embargo, creímos que calcar fielmente sus respectivos estilos difícilmente hubiera reportado algún beneficio a nuestros nadadores. En los estilos de crol y espalda, por ejemplo, nos esforzamos en ayudar el trabajo de los brazos con una acción más potente de las piernas; el japonés tiene, por lo general, unos tobillos muy flexibles, y puede, por lo tanto, desarrollar un golpe de piernas mucho más eficaz sin tanto esfuerzo…..
 
Si en 1932 los nadadores japoneses todavía conservaban algunos detalles del “crol norteamericano” de Weissmuller (Miyazaki, por ejemplo, empleaba un batido de 8/10-tiempos, pero una brazada estilo Weissmuller) muy pronto desaparecieron para dejr paso al que podríamos llamar “crol japonés”, aunque esto no signifique, ni mucho menos, que todos los nadadores japoneses emplearan esta modalidad de crol, pues, y de acuerdo con las ideas comentadas anteriormente, procuraban adecuar el estilo al nadador, no al contrario.
 
¿Cuales eran las principales características de aquel “crol japonés”?
 
En líneas generales podemos decir que adoptan una posición más bien baja en el agua, a pesar de que el cuerpo toma una posición ligeramente inclinada, en la que las rodillas representan la parte más baja del cuerpo. Por su estatura más bien baja, y con el objetivo de conseguir una palanca de propulsión lo más larga posible, el eje de los hombros oscila fuertemente, incluso hasta llegar a estar completamente vertical, acompañando el movimiento de los brazos. La recuperación es más corta y rápida, entrando la mano muy cerca y enfrente del hombro, seguido de un largo desplazamiento del brazo al frente, bajo el agua.
 
Así, y para aprovechar toda la brazada, el recorrido submarino se efectúa por una línea que pasa bajo los hombros, paralela a la columna vertebral, con el brazo prácticamente estirado, sin doblar el codo. Había una cierta ruptura al terminar la brazada, sacando la mano relativamente cerca de la cadera. Algunos nadadores desarrollaron una marcada acción superpuesta de ambos brazos (conocida como “overlapping” por los norteamericanos, y que en Catalunya traducíamos, por lo menos cuando yo nadaba, como “punto muerto”; Miguel Torres fue una perfecta demostración de este estilo) debido a la rapidez con que se ejecutaba la recuperación, y que daba como resultado que, en determinado momento de la brazada, ambos brazos se encontraban claramente bajo el agua, uno acabando su recorrido, el otro iniciando la brazada.
 
Durante la recuperación, y al inicio de la brazada, un fuerte y continuo batido de piernas impulsaba el cuerpo hacia adelante, apoyado sobre el brazo que iniciaba la brazada.
 
El batido de piernas, condicionado por la posición relativamente baja de las caderas, se ejecutaba con las rodillas moderadamente dobladas, empujando el agua con los pies, hacia abajo y atrás. Los pies no tenían que bajar más que las rodillas, de lo que resultaba un batido prácticamente a flor de agua; su batido era un 6-tiempos continuo e independiente, sin poner acento en ninguno de los golpes, como era el de Kitamura, aunque también se empleaban otros, como el ya comentado de Miyazaki, un 8/10-tiempos, o el de Terada, vencedor de los 1.500m.crol en Berlin, que empleaba un batido irregular, con una corta fase de reposo entre cada grupo de golpes de piernas.
 
Otro excelente técnico japonés de aquel tiempo, Katsuo Takaishi, hizo un magnífico y detallado estudio del “crol japonés” en su libro “Swimming in Japan”, publicado en 1935 : “…..hay quien cree que el movimiento de empuje al inicio de la brazada, no sirve, o puede llevar a disminuir l velocidad; creo, sin embargo, que es precisamente este movimiento el que decide si se es, o no, un buen nadador. Un buen nadador ha de aprender a empujar el agua de la mejor manera posible, y creo que es mucho mejor entrar el brazo en el agua ligeramente doblado, ya que si se estira completamente el brazo, el tiempo de empuje seria excesivamente largo. Los dos hombros deben describir una elipse al moverse. Uno sube mientras baja el otro, i, como consecuencia de ello, el cuerpo se balancea exageradamente, teniendo como eje central la línea longitudinal del cuerpo. Si un nadador bracea sin balancear el cuerpo, la fuerza es producto únicamente del brazo y del hombro, pero si a esta se le añade la acción de balanceo, la fuerza aumenta considerablemente, aunque, naturalmente, este balanceo ha de tener un límite, y no puede ser excesivamente exagerado, ya que en este caso podria llegar a ralentizar el movimiento…..”
 
En otro pasaje de su libro escribe: “…..es la fuerza final del brazo lo que realmente hace aumentar la velocidad. En consecuencia, este movimiento debe ser efectuado de forma rápida y potente. Desde el momento que el brazo termina la brazada, ya no puede trabajar para aumentar la velocidad, i, por lo tanto, debe mantenerse relajado, y el único esfuerzo que debe hacer es el de levantar el codo. La forma de recuperación puede ser diferente para cada nadador, pese a que, en lineas generales, solo se trata de levantar el codo una vez el brazo haya terminado la brazada, como si el codo guiara la mano, llevándola hacia adelante, describiendo un circulo con el hombro como su centro, llevando el brazo hacia adelante, y enderezando el codo cuando se coloca en dirección paralela al eje del cuerpo. Aunque la mano entre en el agua antes que se haya estirado totalmente el codo, se puede conseguir la posición adecuada, estirando el codo ya dentro del agua. Ni el ritmo más rápido puede afectar esta posición…..”
 
En referencia a la respiración, dice Takaishi : “…..la inspiración tiene lugar cuando el giro del cuerpo del lado por el que respiramos, está en su momento más amplio. Cuando el brazo de este lado está a punto de terminar la brazada, se empieza a girar la cara hacia el lado, acabando la inspiración cuando el brazo llega a conseguir el máximo empuje y el cuerpo ha conseguido el máximo giro. Después, cuando el brazo inicia la recuperación, se vuelve a sumergir la cara. La boca debe estar fuera del agua el menor tiempo posible, i, por lo tanto, inspirar de forma rápida, manteniendo el aire y expulsándolo poco a poco, hasta que la boca vuelva a salir por encima del nivel del agua.
 
En los Juegos de 1932 los japoneses se llevaron 5 de las 6 medallas de oro que disputaron los hombres (únicamente perdieron los 400m.crol) “robándole” la supremacía mundial que habían ostentado hasta aquel momento los Estados Unidos.
 
Aquella rivalidad, que llego a convertirse en mítica con el paso de los años (lo que llevó a la organización de emocionantes encuentros “duales” entre ambos países) no significó, sin embargo, una contraposición de los diferentes estilos empleados por los nadadores de ambos países. Algunos de los movimientos característicos del “crol japonés” fueron adoptados por nadadores norteamericanos y europeos, mientras, por el contrario, nadadores japoneses adoptaban características norteamericanas o europeas. Así, por ejemplo, el fondista japonés Honda entraba la mano por delante de la cabeza, sin ningún tipo de deslizamiento, un movimiento típico del “crol japonés”, pero, en cambio, la sacaba fregando el muslo, y no la cadera, un movimiento clásico del “crol norteamericano”, es decir, reuniendo en uno solo, el característico “ataque corto” japonés con el “final largo” norteamericano.
 
Igualmente, el norteamericano Jack Medica, campeón olímpico de los 400m. en Berlín-1936, había adoptado la posición del cuerpo del “crol japonés”, con ligero balanceo de hombros, junto a una brazada larga, típica de USA. y la famosa danesa Ragnhild Hveger, que llego a poseer todos los récords mundiales de crol, en metros y yardas, excepto el de los 100m., adoptó la brazada japonesa, con entrada corta y directa al inicio del empuje, con una posición del cuerpo a medio camino del estilo europeo y del japonés.   
    
El dominio ejercido por los nadadores japoneses en este periodo, 1932-1940, sobre todo en las pruebas de fondo, propició que los técnicos se dieran cuenta de que lo más importante no era adecuar el nadador a un determinado estilo, sino adoptar para cada nadador el estilo más conveniente a sus características personales, pudiendo llegar a escoger, si fuera necesario, características de diferentes estilos. Sus triunfos en los 1.500m. de los Juegos de Los Angeles y Berlín, juntamente con la gesta de Tomikatsu Amano, primer nadador que bajó de los 19 minutos en los quince hectómetros, 18,58”8 en 1938, otorgaron un merecido prestigio a la escuela japonesa de fondistas.
 
El estallido de la II “Gran Locura Mundial” cortó, sin embargo, el gran progreso conseguido en aquella década de los 30, y la rivalidad entre norteamericanos y japoneses se trasladó, desgraciadamente, de las piscinas a los campos de batalla, donde quedaron enterrados algunos de los que se habían enfrentado en las anteriores y pacificas luchas deportivas. 
 
Guillem Alsina