Juegos Olímpicos: Saint Louis – 1904


Salida de la final de 110 yardas

Los Juegos Olímpicos de la III Olimpiada atraviesan el Atlántico por primera vez, por un deseo expreso del Barón de Coubertin, buscando nuevos horizontes en los que hacer fructificar la semilla olímpica, aprovechando la celebración de la Feria Mundial que la ciudad celebra aquel año, y a pesar de la poco concluyente experiencia de los anteriores Juegos de París. Coubertin, en cierta medida, se juega el mayor o menor éxito de los Juegos para tratar de expandir a otros continentes, a otras sociedades, ésta “niña de sus ojos” que son los Juegos Olímpicos, para intentar que continuen creciendo como lo han hecho hasta ahora.

 
Previstos inicialmente para la primera quinzena del mes de julio, el Comitè Organizador, al no estar preparada la “piscina”, los hace disputar, finalmente, los 5, 6, y 7 de septiembre, con un programa muy completo, no visto en las dos anteriores ediciones, y que no volverá a verse hasta sesenta y cuatro años después, en los Juegos Olímpicos disputados en Ciudad México.
 
Esto ha sido posible, anacronismo de la época, haciendo disputar las pruebas olímpicas incluidas en los Campeonatos Nacionales de los EE.UU., competición que ya en aquellos tiempo (y continúa siendolo) era abierta a nadadores de cualquiera país, por lo cual, todos los que lograron el título olímpico ganaron, al mismo tiempo, el título de campeón de los EE.UU.
 
La lejanía de la ciudad organizadora hace que pocos países intenten el azaroso viaje, de manera que, además de los EE.UU., únicamente tres países más disputan las pruebas, Alemania, Austria y Hungría (aunque las dos últimas forman parte de una entidad federal superior, el Imperio Austrohúngaro).
 


Zoltan De Holomay

Las pruebas se disputan en una “piscina” construida aprovechando un estanque de aguas “no excesivamente limpias” (muchos de los nadadores extranjeros llegaron a hablar “de aguas muy degeneradas”), de 110 yardas de longitud (que se acortó hasta 50 yardas para la prueba más corta), con bordes muy irregulares. La salida se tomaba desde un pontón que se balanceaba peligrosamente cuando los nadadores se lanzaban a la agua, mientras los virajes se hacían, sencillamente, tocando una cuerda con banderolas que atravesaba la “piscina” de lado a lado. Como puede verse, los tiempo logrados en estas condiciones tenían su mérito.

 
Los tiempo se toman, por una vez, en décimas de segundo, aunque no será esta la tendencia de las siguientes ediciones, pues en muchos se ellos se tomarán todavia en quintos de segundo (exceptuando los de París-1924) hasta los de Amsterdam-1928. A partir de los Juegos de Los Ángeles-1932, los tiempos seran cronometrados en décimas de segundo, hasta los de Munich-1972, donde las centésimas de segundo harán su entrada en el cronometraje de las pruebas de natación.
 
El programa comprendía desde pruebas de velocidad “pura”, las 50 yardas; pasando por velocidad prolongada, 100 yardas; medio fondo, 220 y 440 yardas; hasta las de fondo, 880 y 1760 yardas (esta era la famosa milla inglesa, equivalente a 1.609,17 metros). También había dos pruebas de especialidades, una de espalda, como en París, aunque sobre 100 yardas, y una prueba de braza, sobre 440 yardas, disputada a petición de los nadadores europeos, ya que en Gran Bretaña y toda la Europa Central, la braza era un estilo de competición muy popular; finalmente, una prueba de relevos sobre 4×50 yardas. También hubo, para no perder el espíritu del tiempo, y enriquecer algo más el anecdotario de la natación olímpica, una curiosa prueba que consistía en zambullirse en el agua, para intentar llegar lo más lejos posible, sumergido, y completamente quieto.
 
Avancemos, para olvidarnos de esta prueba, que el ganador fue el norteamericano Dickey, que recorrió, completamente inmóvil, un total de 19,05 yardas. Como en las dos anteriores ediciones, la inscripción es “libre”, es decir, que cada país puede inscribir el número de participantes que crea oportuno.
 
Tres nadadores se reparten los títulos de las seis pruebas de estilo libre, el húngaro Zoltan de Halmay, del que ya hemos hablado al referirnos a los anteriores Juegos de París, que ganó los dos títulos más envidiados por los norteamericanos (que al contrario de los europeos, preferían las pruebas de velocidad), las 50 y las 100 yardas. En las 50 yardas (con un total de 9 participantes, repartidos en dos eliminatorias, disputando la final los tres primeros de cada una de ellas) después de haber disputado una carrera de desempate con el norteamericano Scott Leary; la primera final habia acabado con un mismo tiempo de 28”2 para los dos nadadores (aunque parece que hay fotografías en las que se veia perfectamente como el húngaro ganaba claramente esta final) mientras otro norteamericano Charles Daniels era tercero, 28”8, seguido de su compatriota David Gaul (alguna fuente le da este cuarto lugar a Francis Gailey). En el desempate, Halmay ganó mucho más claramente, 28”0 por 28”6, proclamandose como el hombre más rápido del mundo (aunque en Gran Bretaña, Australia, ó los mismos EE.UU., había gente que nadaba más rápidamente esta distancia).
 
En las 100 yardas, el húngaro ganaba con un tiempo de 1,02”8, que tampoco era de los mejores tiempo mundiales, por delante de Charles Daniels, Scott Leary, y David Gaul (algunas fuentes vuelven a colocar Francis Gailey en cuarto lugar), repitiendo prácticamente la clasificación de la prueba corta.
 
 
Digamos que Halmay empleaba un estilo con un fuerte componente de trabajo de brazos, mientras las piernas casi “colgaban” de su cuerpo, ejecutando únicamente un suave vaivén para no molestar la acción más potente de los brazos. Este estilo, prácticamente un crol, había estado descubierto (o redescubierto, según algunos autores) por el australiano Dick Cavill, que dos años antes había logrado la gran gesta de nadar las 100 yardas en menos de un minuto, exactamente 58”6, aunque este tiempo no le había sido reconocido como récord oficial al haber sido conseguido en una carrera con “handicap” (es decir, con la presencia de uno ó más rivales que servían de “liebre” al que nadaba tras ellos).
 
Esta nueva modalidad, el crol, únicamente se acostumbraba a usar en distancias cortas, 50 yardas, ó en los metros finales de otras pruebas, ya que era considerado un estilo muy agotador. Como que Halmay no tenía mucho relación con los círculos australianos de natación, algunos autores han considerado que el crol, a partir de modalidades predecesoras, también se habria podido llegar a descubrir en otros núcleos de natación, antes de desarrollarse conjuntamente, y llegar a tener las actuales características.
 
220 y 440 yardas: disputadas en piscina de 110 yardas de longitud (100,58 metros); en ambas carreras se nadó la final directa, con solo cuatro participantes en cada una de ellas. Algunas fuentes hablan de nueve participantes en las 220, y de once en las 440 yardas, aunque parece que hay fotos en las que se ven únicamente los cuatro finalistas, y no se han encontrado resultados de ninguna eliminatoria. Charles Daniels dominó claramente ambas pruebas. En las 220 yardas, y con un tiempo de 2,44”2, impuso a Francis Gailey, 2,46”0, mientras el alemán Emil Rausch era tercero, ya muy lejos, 2,56”0, seguido del también norteamericano Edgar Adams.
 
En las 440 yardas, Daniels lograba el triunfo con un tiempo de 6,16”2, superando de nuevo a su compatriota Francis Gailey, 6,22”0, seguido de un austriaco, Otto Wahle, tercero en 6,39”0, y de otro local, Leo “Budd” Goodwin. Hay que fijarse en la gran diferencia de tiempo que hay entre los 2,25”0 del australiano Fred Lane, ganador de los 200m. en París, (220 yardas representan 201,42 metros) para percatarse que, efectivamente, las medidas de la “piscina” parisiense no podían ser, que digamos, muy exactas. El estilo empleado por los norteamericanos, dominadores de estas dos pruebas, no llegaba a ser un crol, aunque daba mucha importancia al trabajo de brazos, mientras el movimiento de las piernas era una mezcla de “tijeretazo”, más propio del “trudgen”, con momentos en los que prácticamente se arrastraban, sobre todo en los tramos iniciales y finales de la carrera.
 
 
880 y 1.760 yardas: disputadas igualmente en piscina de 110 yardas como las dos anteriores. Finales igualmente directa con un total de 6 participantes en las 880 yardas, y de 7 en la prueba larga (aunque algunos autores hablan de diecinueve respectivamente, también hay fotos que demuestran éstas cifras de 6 y 7, sin que haya resultados de ninguna eliminatoria previa).
 
El tercer doble ganador de estos Juegos fue el alemán Emil Rausch que, después de la retirada del británico John Jarvis, era la figura más destacada de las pruebas de fondo en Europa. Sin ningún problema, y con su “doble over” de ancha patada, lograba un fácil triunfo en las 880 yardas, con un tiempo de 13,11”4, por delante de Francis Gailey, 13,23”4; del húngaro Geza Kiss, y del norteamericano Edgar Adams (algunas fuentes mencionan al austriaco Otto Wahle como cuarto).
 
En la milla, y después de que Francis Gailey dominara hasta las 550 yardas, el triunfo del alemán fue todavia más claro, con un tiempo de 27,18”2, por delante de Geza Kiss, 28,28”2, mientras Gailey acababa totalmente dominado en tercer lugar, muy lejos de los dos primeros, 28,54”0, y Otto Wahle fuera cuarto.
 
Las dos pruebas de especialidades fueron para nadadores europeos. Las 100 yardas espalda (con final directa y 6 participantes aunque en algunas fuentes se mencionan solo 4), fueron a parar a manos de Walter Brack, 1,16”8, por delante de sus compatriotas Georg Hoffmann, 1,18”0, e Imre Zacharias, 1,19”6, dos décimas menos que el cuarto clasificado, el local William Orthwein (algunas fuentes mencionan Charles Daniels como cuarto clasificado, aunque es muy improbable que fuera él). Se continuaba nadando la antigua modalidad de brazada simultánea y movimiento de piernas semejante al de braza.
 
Las 440 yardas braza, nadadas en piscina de 110 yardas, con 4 participantes y final directa, fue otro festival alemán, con Imre Zacharias en primer lugar, 7,23”6, y Walter Brack muy cerca de él, 7,24”8, superando claramente a los otros dos competidores, el norteamericano Jamison Handy, 7,33”0, y el sub-campeón de las 100 yardas espalda, Georg Hoffmann; algunas fuentes mencionan Edward Adams como cuarto clasificado, aunque no es muy verosímil pues según los papeles de la organización únicamente había inscritos en la prueba los tres alemanes, cuando, poco antes de darse la salida, el norteamericano Jamison Handy pensó (según dijo después a un amigo) “que tenía posibilidades de ganar una medalla”, y pidió ser inscrito, cosa que se le permitió.
 
Señalamos que la semejanza entre ambas modalidades, espalda y braza, queda perfectamente reflejada en el hecho que los dos ganadores, Brack y Zacharias, fueran premiados en ambas modalidades.
 


Charles Daniels

La prueba de relevos sobre 4×50 yardas, fue ganada por el equipo del New York SC (no es preciso olvidar que, al disputarse conjuntamente con los Campeonatos Nacionales de los EE.UU., se podían presentar equipos de clubs) con un tiempo de 2,04”6, y un equipo formado por Joseph Ruddy, Leo “Budd” Goodwin, Louis Handley y Charles Daniels) mientras el Chicago Athletic Association era segundo; Misuri Athletic Club, tercero, y New York A.C., cuarto (algunas fuentes mencionan un equipo de Alemania en segundo lugar, por delante de los tres equipos norteamericanos, aunque nosotros damos la clasificación que creemos más verosímil).

 
La natación olímpica continúa su progreso, y Saint Louis ha representado un nuevo paso adelante en su desarrollo, aunque se disputara conjuntamente con una Feria Mundial y unos Campeonatos Nacionales. El mundo del deporte, y con él, lógicamente, el de la natación, ha entendido rápidamente que esta competición puede tener grandes posibilidades de caras a un mayor y más rápido desarrollo, gracias al enfrentamiento entre los mejores nadadores mundiales.
 
Únicamente faltará ahora la conjunción entre las diferentes asociaciones de natación para ponerse de acuerdo en las reglas que deben regir en nuestro deporte, para tratar de unificar criterios, haciendo posible este enfrentamiento en igualdad de condiciones para todos. Eso es lo qué veremos en la próxima edición, en los Juegos de la IV Olimpiada, que se disputarán en Londres que, una vez más, será la avanzadilla del deporte mundial, cogiendo el relevo de Roma que, por problemas internos, no podrá organizar estos Juegos de 1908.
 
Digamos, finalmente, que los tiempo y clasificaciones de estos Juegos han sido extraídas de diferentes fuentes, aunque en su mayor parte lo han sido de “A statistical summary of the 1904 Olympic Games”, a cuenta de Bill Mallon (Durham, North Carolina, 1981) que nos ha parecido el más seguro y bien documentado.
 
Guillem Alsina