La braza, un estilo siempre controvertido (2a. Parte)


Jopie Waalberg en 1940

En 1918 se apaga, finalmente, el eco de los cañones, y la paz (¡¡) vuelve a nuestro continente, reanudándose, casi al mismo tiempo, las competiciones deportivas, aunque, como es lógico, se tarde un cierto tiempo en conseguir superar el nivel anterior a la “I Gran Locura Mundial”. En los Juegos Olímpicos de Amberes, 1920, los triunfos de Hakan Malmroth, 3,04”4 y 6,31”8 en los 200 y 400m. (los 400m. también se habían nadado en Estocolmo-1912, pero ya no volverían a disputarse en sucesivas ediciones) son netamente inferiores a los conseguidos por el alemán Walter Bathe, 3,01”4/5 y 3,29”3/5, ocho años antes en Estocolmo.

 
Aunque no son invitados a los Juegos de Amberes, facilitando el triunfo de suecos y finlandeses (6 de 6 medallas entre los dos países) los bracistas alemanes siguen siendo los mejores de Europa, que es lo mismo que decir del Mundo en este estilo. Willy Lutzow es el primero en distinguirse al superar el récord mundial de los 100m., rebajando los 1,17”8 de Bathe en 1910, en un segundo exacto, el 24 de mayo de 1921, que le es arrebatado al año siguiente, 24 de septiembre, por el húngaro Marton Sipos, 1,16”2, mientras el récord de los 200m., aquellos 2,56”6 del británico Percy Courtman sigue en pie, mostrando la dificultad de la “braza inglesa” para progresar en la misma proporción que lo están haciendo los dos otros estilos, crol y espalda.
 
Aparece en estos momentos la indispensable figura que siempre hace progresar un estilo cuando se produce una innovación técnica. Erik (o Erich) Rademacher, ya desde su primer récord mundial (el de los 400m. en 6,12”8 en septiembre de 1921) hasta su retirada en 1928, será, literalmente, “la braza”, es decir, el paradigma de este estilo, y recordista mundial de todas las distancias, con un total de 8 récords en las cuatro diferentes distancias que homologaba la FINA: 1,15”9 en 1925 en los 100m.; 2,54”4 en 1922, 2,50”4 en 1924, y 2,48”0 en 1927 en los 200m.; 6,12”8 en 1921, 6,05”0, y 5,50”2 en 1926 en los 400m., y 7,40”8 en 1925 en los 500m.
 
No fue campeón olímpico, seguramente al no ser invitados los deportistas alemanes a participar en los JJ.OO. de París-1924, cuando Rademacher se encontraba en la plenitud de su carrera. Cuando tuvo una segunda oportunidad en los Juegos de Amsterdam-1928, había entrado ya en el declive, viéndose superado por la nueva hornada de bracistas, con el japonés Yoshiyuke Tsuruta al frente, que únicamente le permitieron conseguir la medalla de plata.
 
¿Como era la braza alemana, demostrada por su jefe de filas, Erick Rademacher?. Dejemos que él mismo nos lo cuente en un de las descripciones que hizo de su estilo.
 
Mi cuerpo, en línea perfecta de deslizamiento, con el nivel del agua prácticamente cubriendo mis ojos, avanza suavemente por el agua bajo el efecto propulsor de la doble patada que acabo de dar con las piernas. Los brazos, extendidos al frente, aprovechan durante una fracción de segundo el impulso recibido para empezar inmediatamente su acción, presionando el agua de arriba a abajo, en una trayectoria parecida a la del crol, pero algo curvada hacia los lados para prolongar el apoyo y facilitar la aspiración, que se inicia en esta posición, mientras las piernas empiezan a encogerse imperceptiblemente.
 
En plena aspiración sigo el encogimiento gradual de las piernas, mientras los brazos alcanzan su grado máximo de acción efectiva. Termino la aspiración y la acción de los brazos doblando los codos y juntando las manos hacia el pecho para poder proyectarlos nuevamente hacia adelante en el momento de iniciarse la doble patada y empezar la espiración, que culmina cuando, ya en plena acción de piernas, el cuerpo busca nuevamente la posición horizontal como forma ideal de deslizamiento”.
 
Hasta aquí el comentario del propio Rademacher. Era, pues, una braza de dos tiempos: brazada – patada, separadas en cada ciclo (entendemos por ciclo la secuencia brazada – patada) por una breve pausa de deslizamiento, pausa totalmente indispensable para todo aquel que se preciara de verdadero estilista, en el que lo que se buscaba era recorrer el máximo posible de metros en cada una de sus ciclos.
 
Difería substancialmente de la braza inglesa en dos puntos muy importantes: primero, un movimiento de brazos más en profundidad, con una brazada ligeramente más corta, lo que permitía, por un lado, una mayor potencia en la brazada (al ser menor el brazo de palanca), por otro, un ritmo más alto, y, por lo tanto, mayor velocidad; segundo, el más importante, un movimiento de piernas mucho más amplio; era un movimiento que si al principio del aprendizaje podía dividirse en tres tiempos: encoger – abrir – cerrar, se convertían más tarde en dos: encoger – abrir/cerrar, con lo que se trataba de conseguir, por un lado, el máximo empuje con las plantas de los pies, empujando el agua hacia atrás; por el otro, abrir ampliamente las piernas, para cerrarlas después, desplazando hacia atrás el triangulo de agua que se forma entre ambas. Otra diferencia de este movimiento de piernas con el de la braza inglesa era que Rademacher encogía las piernas directamente hacia atrás, llevando las rodillas hacia atrás prácticamente con la misma abertura que los hombros, lo que ofrecía un mejor principio para la acción de las piernas, y, también de disminuir las sacudidas más propias de la braza inglesa, en la que el nadador parecía avanzar a saltos.
 
Con esta braza, los récords mundiales avanzaron hasta los 1,14”0 del norteamericano Walter Spence en 1927 (pasando antes por los 1,15”6 del alemán Heinz Faust en 1926, que superaban los ya señalados 1,15”9 de Rademacher) mientras en los 200m., los también ya señalados 2,48”0 de Rademacher cerraban este ciclo de la “braza alemana”, aunque esta continuó practicándose, sobre todo en Europa, con ligeras variantes, hasta 1953, cuando se separaron braza y mariposa, y la braza tuvo que afrontar nuevos retos.
En 1928, como ya hemos dicho, un japonés Yoshiyuki Tsuruta, impide a Rademacher conseguir lo que, en gran parte, le pertenecía, la consagración olímpica.
 
Tsuruta era el avanzado de una nueva modalidad de braza, creada exclusivamente para los nadadores de un país en el que no abundaban, precisamente, los nadadores de gran estatura y potencia. Consciente de ello, Ikaku Matsuzawa, el entrenador-jefe del equipo japonés, junto a sus principales colaboradores, diseño una nueva forma de nadar la braza que obviaba los “inconvenientes biométricos” de sus nadadores. Matsuzawa pensó que para superar la amplia y soberbia brazada de los norteamericanos y europeos, sus bracistas tenían que bracear mucho más rápido, pasando “olímpicamente” del deslizamiento de la braza alemana.
 
Dicho y hecho. En 1928, Tsuruta presenta una braza que se diferencia largamente de la de Rademacher y sus seguidores. Por un lado, mantiene un ritmo de brazada bastante más rápida, con un movimiento de brazos en profundidad, igual que el de Rademacher, pero con los codos doblados (mientras los brazos de Rademacher “tiraban” prácticamente sin doblarlos) lo que permitía a los japoneses, por un lado, una mayor potencia en la brazada, por el otro, una mayor frecuencia, es decir, doble superioridad con respecto a la variedad del alemán; por otro lado, para poder mantener esta alta frecuencia, es preciso que el cuerpo no se hunda, como en la braza de Rademacher, por lo que Tsuruta, y seguidores, bracean prácticamente sin hundirse, llevando el nivel del agua prácticamente por debajo de la boca, hundiéndose solo ligeramente para efectuar la espiración del aire dentro del agua, como estaba prescrito.
 
Otra de las diferencias con la braza alemán reside en el momento de la inspiración. A diferencia de la braza alemana, en la que se inspira a medida que se abren los brazos, Matsuzawa ideó la inspiración “retardada”, es decir, efectuada al final de la brazada, cuando los brazos han terminado su recorrido y se disponen para efectuar el “recobro”. Es una inspiración muy corta y rápida, que solo termina, también de manera corta y rápida, durante la brazada, de manera que, prácticamente, los pulmones del nadador nunca estén vacíos, para facilitar la flotación del nadador, ayudándole a mantener la alta frecuencia de brazada. Finalmente, última diferencia, la patada. Adecuándose a la alta frecuencia de la brazada, Matsuzawa se ve prácticamente obligado a prescindir de la abertura de las piernas, resumiendo su patada a los movimientos de encoger y estirar, con una mínima abertura, obligando al nadador a tener una buena flexibilidad de tobillos, puesto que la eficacia de su patada se va a resumir al empuje que pueda conseguir con las plantas de los pies.
 
Con esta nueva modalidad, los japoneses se hacen con la supremacía mundial en braza, aunque, ignoramos la razón, esta superioridad demostrada en las competiciones no llega a traducirse en la obtención de récords. Así, mientras copan los títulos olímpicos de los 200m.braza en las tres ediciones de los Juegos que se celebran antes del estallido de la “II Gran Locura Mundial”, con Tsuruta, doble vencedor en 1928 y 1932 (una doble victoria olímpica que no volverá a producirse nunca más, por lo menos hasta Atenas-2004) y Tetsuo Hamuro en 1936, consiguiendo también la medalla de plata y la de bronce en 1932 y 1936 (ambas con Reizo Koike) únicamente superan un récord mundial, el de los 200m. con unos 2,45”0 que Tsuruta consigue en 1929, rebajando en tres segundos el anterior de Rademacher. Bien es verdad que en este periodo de 1928 – 1940 en que la natación japonesa masculina se coloca a la cabeza del concierto mundial, pocos récords llegan a superar, y parece que les importa mucho más el vencer a sus rivales, que no superar los récords, que son superados por otros.
 
A pesar de los éxitos de la “braza japonesa”, no por ello desaparece de las piscinas la versión alemana, que continua siendo aplicada, sobre todo en Europa. Destaca el francés Jacques Cartonnet, que nada una modalidad de brazada mucho más amplia que la de Rademacher, con dos pequeñas diferencias en el recobro, como son la de “esconder” los codos bajo el cuerpo al terminarlo (en lugar de hacerlo a los lados) y llevar las manos giradas hacia el mentón, girándolas inmediatamente antes de llevar los brazos al frente (un movimiento que retomará la braza soviética cuarenta años después, ¡nada nuevo bajo el sol!). También difiere la braza del francés en el movimiento de piernas, que tienen una potencia excepcional que le permite abrirlas exageradamente, y cerrarlas con una potencia inusual. Todo ello al servicio de una braza de frecuencia muy lenta y altamente deslizante (de él afirma Monique Berlioux en su libro “La Natation”, que era capaz de cubrir un piscina de 50m. en solo 9 brazadas; invitamos a que nuestros actuales bracistas lo intenten).
 
Cartonnet, un clásico recordista, pero que, al contrario de sus rivales japoneses y alemanes, siempre fracasó en las grandes competiciones internacionales (fue eliminado en semifinales de los JJ.OO. de 1932; fue cuarto en los Europeos de 1931, y ni siquiera participó en los de 1934, cuando era recordista mundial de los 100 y 200m.) batió entre 1932 y 1933 el récord mundial de los 100m. en tres ocasiones: 1,13”6 en mayo de 1932, y 1,13”0 y 1,12”4, ambas en febrero de 1933, así como el de los 200m. en dos ocasiones: 2,42”6 en febrero de 1933, récord que le fue arrebatado por el alemán Erwin Sietas, 2,42”4 en marzo de 1935, y que recuperó, 2,39”6, en mayo de aquel mismo año.
 
La aparición de la mariposa propició la pérdida de dichos récords, que le fueron arrebatados, el de 100m. por el norteamericano John Higgins (1,10”8 y 1,10”0 en febrero de 1935, y marzo del año siguiente); el de los 200m. por otro norteamericano Jack Kasley, 2,37”2 en marzo de 1936; aunque en agosto de 1937 volvió a recuperar el de los 100m., 1,09”8, hay la casi certeza de que usó la modalidad de mariposa en algún tramo del recorrido, por lo que no podemos darlo como un récord conseguido enteramente en braza.
 
No queremos terminar esta segunda parte sin referirnos al sector femenino. La mariposa apenas había tenido incidencia entre las bracistas, que continuaban practicando mayoritariamente la “braza alemana“. Las bracistas tenían su prueba de 200m., como los hombres, desde 1924, siendo la británica Lucy Morton (3,33”2 en 1924), la alemana Hilde Schrader (3,12”3/5); la australiana Clare Dennis (3,06”3 en 1932) y la japonesa Hideko Maehata (3,03”6 en 1936) las cuatro campeonas olímpicas de ante-guerra.
 
El récord de los 100m. es superado en 12 ocasiones, desde los 1,37”6 de la belga Elise Vandenbogaert, en 1921, hasta los 1,20”2 de la alemana Hanna Holzner (aunque parece que esta ya hizo algunos movimientos de mariposa en este récord), mientras en los 200m. se bajó el récord mundial desde los 3,38”2 de la mencionada Vandebogaert, también en 1921, hasta los 2,56”9 de la holandesa Jopie Waalberg en 1937 (primera mujer en bajar de los tres minutos) aunque al iniciarse la guerra, el récord mundial estaba en poder de la brasileña Maria Lenk, 2,56”0 el 8 de noviembre de 1939, primera mujer que batió un récord mundial de braza, nadando enteramente la distancia en mariposa.
 
En este sector femenino, y a pesar de que no han vencido en ninguna de las cuatro ediciones de los Juegos, ni de los Campeonatos de Europa, Holanda se convierte, por así decirlo, en el paradigma de la braza, con una modalidad que sus entrenadores (pero sobre todo entrenadoras) llevaran a un alto grado de perfección, siendo copiado por nadadoras del resto de nuestro continente.
 
La posición del cuerpo es alta (incluso más que en la “braza japonesa”) con la cabeza completamente fuera del agua. Los brazos se abren en un ángulo de 35-45 grados, “tirando” fuertemente en profundidad, haciendo que los hombros salgan fuera del agua, y son lanzados rápidamente hacia el frente, empezando a separarse lentamente, sin marcar ningún momento de retención, como es el caso de la “braza alemana”. La patada es, como en la “braza japonesa”, un movimiento de encoger-estirar, sin que las rodillas se separen más allá de la anchura de los hombros. Se trata, pues, de una braza de frecuencia muy rápida, incluso en los 200m.
 
Jacques Cartonnet y Jopie Waalberg son, pues, los últimos recordistas mundiales de braza en braza (valga la redundancia) antes de que las bombas empiecen a llover sobre los campos y ciudades europeos, iniciándose la “II Gran Locura Mundial”.
 
Guillem Alsina