Juegos Olímpicos: Paris – 1900

París fue el escenario escogido para la organización de los Juegos de la II Olimpiada de la Era Moderna, un poco por deseo del propio Barón Pierre de Coubertin, en el marco de una Exposición Universal que, por lo menos se esperaba, diera algo más de relieve a las pruebas deportivas, aunque, finalmente, todo corrió mal desde el principio, cuando el Comitè Organizador de la Exposición presentó las pruebas olímpicas bajo la denominación de Campeonatos Mundiales. Perdidas en medio del lógico alboroto de la feria, las pruebas deportivas tuvieron muy poco eco, y, finalmente, el mismo Barón (aunque cuatro años después volvió a tropezar en la misma piedra) aprendió que el olimpismo no podía, ni debia, tener otros compañeros de viaje, y que debería valerse por si mismo.
 
Las pruebas de natación se disputaron en las afueras de la capital, en la cercana localidad de Asnieres, habilitando un rectángulo de aproximadamente unos 100×15 metros en pleno río Sena, en un lugar donde, según la organización, “la corriente es casi nula en verano”. Las fechas, 11, 12 y 19 de agosto. El número de pruebas aumentó espectacularmente, después de que en un primer momento se pensara en un programa similar al de Atenas, 100, 500 y 1.200 metros.
 
El eco que tuvieron las pruebas de Atenas, así como el extraordinario progreso de la natación en aquel cambio de siglo, hizo que, finalmente, los encargados de organizar el programa se lo pensaran, cambiándolo totalmente. Se disputaron, pues, pruebas de 100 metros (aunque hay diferentes opiniones sobre ésta prueba), 200, 1.000 y 4.000 metros libres; una prueba de 200 metros con obstáculos; una de 200 metros espalda (primera que no se disputaba en estilo libre); otra, no menos curiosa, de 60 metros por debajo del agua, en completa apnea, y, finalmente, unos relevos de 5×40 metros libres; también consta en el programa una prueba de 4.000 metros libres para profesionales.
 
143 representantes de trece países (Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Hungría, Italia, Suecia y Suiza) participaron en estos Juegos, según consta en el “rapport” oficial que el “Ministerio de Comercio, Industria, Correos y Telégrafos” editó en referencia a la Exposición Universal de aquel 1900, aunque muchos de estos países lo hicieron con una representación casi simbólica, y únicamente a título personal (Australia, por ejemplo, uno de los países más avanzados de la natación en aquel tiempo, únicamente tenía un nadador, Fred Lane, aunque era uno de los mejores nadadores mundial de la época).
 
Como casi siempre que se habla de aquellos primeros tiempo de la natación de competición, el mencionado “rapport” no deja de estar lleno de notas que, si en su tiempo, eran completamente normales y lógicas, no dejan de tener un cariz anecdótico leídas un siglo después. Así, al precisar las pruebas que se disputan en cada jornada, se anota también el valor de los premios que se conceden en cada una de ellas (premios que llegan a sumar un total de 8.500 francos, ¡de 1900!), aunque solo los profesionales recibían el premio en metálico, mientras los “amateurs” recibían objetos artísticos valorados en la cuantía del premio.
 

El artículo 12, por ejemplo, nos dice que “el bañador que se deberá usar, será el conocido como “de baños de mar”, siendo prohibidos los colores claros, sobretodo el blanco, el rosado y el azul claro, añadiendo que se exigirán “bañadores decentes”, y no estarán permitidos “ni los cánticos, ni los chillidos”. El artículo 15 habla de las descalificaciones: “no se podrá tocar al adversario con las manos, ni cortarle el paso”. Un puntapie, por el contrario, no parece ser suficiente motivo para la descalificación. En el siguiente, el 16, podemos leer “estará permitido pasar por debajo de un nadador, aunque este tendrá derecho a hundirlo si surge a menos de un metro por delante de él”. ¡Mucho ha llovido desde aquel tiempo!.

 
El “rapport” también nos informa de los estilos empleados por los participantes : “ingleses, australianos, austríacos y franceses han hecho servir mayoritariamente el estilo conocido como “over arm stroke”; el hungaro Zoltan de Halmay, por su lado, ha nadado con el cuerpo muy plano, haciendo servir ambos brazos alternadamente (posiblemente hacía servir un “trudgen croleado”, lo cual vendría corroborado por las opiniones de algunos técnicos de la época); el italiano Mainoni, finalmente, hacía servir la braza clásica, sumergiendo e inmergiendo alternadamente la cabeza.
 
Un verdadero mito de la natación, el australiano Fred Lane, se imponia en las dos pruebas de 200 metros, sin y con obstáculos. En la primera (señalada como “de velocidad” por la organización) con 56 participantes (todo un récord incluso para las actuales competiciones) señalaba un tiempo de 2,25”1/5, por delante del húngaro Zoltan de Halmay, 2,31”2/5, seguido muy de cerca por el austriaco Karl Ruber, 2,32”0. En la prueba con obstáculos (se trataba, según parece, de un cierto número de barcas que habia que pasar por encima i/o por debajo) y con 30 inscritos, Lane volvia a imponerse con un tiempo de 2,38”2/5, por delante del austriaco Otto Wahle, 2,40”0, mientras el británico Peter Kemp era tercero en 2,47”2/5.
 
Las pruebas de fondo, como en Atenas, eran, sin embargo, las más esperadas, con una numerosa participación de 47 nadadores en la prueba corta, la del kilómetro, y 56 en la larga de cuatro kilómetros. Dos victorias para el británico John Jarvis, confirmando con ellos su título, completamente extraoficial de campeón mundial. Su estilo “over” había hecho escuela, convirtiendose en un verdadero mito viviente de la natación mundial, con victorias en todas las pruebas que nadaba, fueran de velocidad o de fondo, como lo demostró en estos Juegos, ya en las postrimerías de su vida deportiva.
 
Sus dos victorias oficiales (ponemos en duda la de los 100 metros) fueron claras y contundentes, con tiempos de 13,40”1/5 y de 58,24”0. Segundo del kilómetro fue el austriaco Otto Wahle, 14,53”3/5, es decir a más de un minuto del británico, mientras el húngaro Zoltan de Halmay era tercero, 15,16”2/5, y el alemán Max Heinle cuarto, 15,22”0. En la prueba larga, Zoltan de Halmay fue segundo, 1h.08,55”2/5, a más de diez minutos de Jarvis, por delante del francès Martin, 1h.13,10”2/5, y el francobritánico Burgess, cuarto. La victoria en la prueba de profesionales fue para otro británico, Greasley, con un tiempo mucho peor que el de Jarvis, 1h.08,33”2/5, con su compatriota Evans en segundo lugar, 1h.12,10”0, y Blache, francès, tercero en 1h.30,12”0.
 

La victoria en la prueba de los 200m.espalda, con un total de 37 participantes, fue para el alemán Ernst Hoppenberg con un tiempo de 2,47”0, claramente por delante del austriaco Karl Ruber, 2,56”0, mientras los holandeses Doort y Bloemen eran tercero y cuarto respectivamente. Hay que decir que el estilo de espalda empleado en aquellos tiempo consistia en un movimiento simultáneo de brazos, mientras las piernas ejecutaban un movimiento similar al de la braza, aunque con el cuerpo, lógicamente, en posición dorsal.

 
Todos estos tiempo, desde los 200m. hasta los cuatro kilometros, pasando por la prueba de espalda, hacen pensar que ni la “piscina” de Asnieres había sido medida con excesivo “rigor científico” por los organizadores, ni la corriente del río era tan débil como se habia dejado entrever en el “rapport” (o posiblemente, se lo creían con toda su inocencia), si tenemos en cuenta los años que se tardó en igualar los tiempo logrados en estos Juegos : los 2,25” de Lane en los 200m., tardaron once años en ser igualados (Charles Daniels lograba 2,25”4 en 1911, en una piscina completamente regular de 30 yardas de longitud); los 13,40” de Jarvis en el quilómetro no fueron superados, por lo menos oficialmente, hasta 1924, cuando el australiano Andrew “Boy” Charlton, un nadador con un crol ya mucho más perfeccionado, lograba un tiempo de 13,19”6; finalmente, los 2,47” de Hoppenberg en los 200m.espalda aún deberían esperar algo más a ser superados, ya que no fue hasta 1926 cuando el norteamericano William Laufer lograba un tiempo de 2,47”1, nadando ya en la modalidad “croleada” del estilo, una modalidad mucho más rápida que la “braceada” del alemán.
 
El hecho de tener la corriente a favor en un número determinado de largos, no creemos que pueda explicar aquellos tiempo, si tenemos en cuenta que los nadadores debían hacer un número igual de largos en contra de la corriente, cosa que los desfavorecía mucho más que no los favorecía al nadar a favor de la corriente.
 
También, curiosamente, podemos decir que tanto los 2,25” de Lane, como los 2,47” de Hoppenberg han quedado registrados como los récords olímpicos de más larga duración. Los 200m.libres todavia volvieron a nadarse en los siguientes Juegos de Saint Louis, el 1904 (aunque sin llegarse a superar el tiempo de Fred Lane) mientras los 200m.espalda no se volvieron a nadar, y ambas pruebas no fueron reprogramadas hasta 1968 en los Juegos disputados en Ciudad México, razón por la que los respectivos récords olímpico estuvieron vigentes a lo largo de 64, el de los 200m.libres, y 68 años, el de los 200m.espalda.
 
Curiosa y anecdótica la prueba de los 5x40m.libres con un total de 5 equipos participantes. Se hace difícil saber el por qué de ésta distancia de 40 metros para cada uno de los tramos de la prueba (tal vez fue la existencia de alguno pontón que permitía a los nadadores coger los relevos de la forma más adecuada), aunque tampoco queda bien aclarada la forma en que disputó la prueba, ya que en los resultados oficiales figuran unos 32 puntos que no logramos averiguar de donde salen, mientras otras fuentes hablan de un tiempo de 2,04”6, más de acuerdo con lo que es una prueba de relevos. Oficialmente, el ganador fue el equipo alemán (Ernst Hoppenberg, Max Hainle, Max Schoene, Herbert Petersdorf y Julius Frey) por delante de tres equipos franceses (hay algunas fuentes que mencionan un cuarteto británico en el segundo lugar, y un belga en tercero, aunque nosotros hemos preferido incluir los resultados del “rapport” oficial).
 


Fred Lane

Mencionemos, como una anécdota más de estos Juegos el comentario de un anexo del mencionado “rapport”, referente a esta prueba de relevos, y en el que se puede leer lo siguiente : “hay que señalar la ausencia de uno de los equipos extranjeros, favorito a la victoria final, los miembros del cual, según parece, han pasado esta noche festejando triunfos anteriores, lo cual les ha hecho llegar hoy mañana a la piscina pasadas las ocho y media, cuando ya se habían disputado las eliminatorias”. Como podemos ver, por muy serios que parecieran aquellos deportistas, con sus corbatas e, incluso, imponentes mostachos, parece que también sabían divertirse.

 
Curiosa, e igualmente anecdótica, la prueba de 60 metros en apnea, ganada por el francés Maurice de Vendeville con un total de 188’2/5 puntos, correspondientes a los 60 metros nadados en 1,08”2/5, seguido de su compatriota Emile Six (o Sexto según otras fuentes), con 185’2/5 puntos (60 metros en 1,05”1/5), y del danés Lykheberg (en otras fuentes aparece como el sueco Arne Lukkeberg) 147 puntos (28’50 metros en 1,30”0), aunque hay autores que mencionan otras clasificaciones; no vamos a discutirlas.
 
Mencionemos, finalmente, la controversia sobre los 100m.libres, una prueba mencionada en el artículo 23 del Reglamento sobre las carreras, en el que, concretamente, se dice que se nadará en línea recto, sin virajes, pero cuyos resultados no aparecen en el famoso “rapport”, aunque algunos historiadores afirmen haberse disputado, mencionando incluso el resultado, con victoria del británico John Jarvis en un tiempo de 1,16”2/5, seguido de Otto Wahle y de Zoltan de Halmay, aunque indicando igualmente sus dudas sobre la oficialidad de la prueba. Es muy posible que, finalmente, se disputara, aunque no con carácter oficial.
 
A pesar de las dificultades propias de aquellos tiempo, el deporte se iba situando en el contexto social de su época, y, sin duda, el olimpismo contribuyó de manera importante. El pequeño fracaso para el olimpismo que resultó de los Juegos, no descorazonó el Barón de Coubertin que vio perfectamente hacia donde debía dirigir la nave que iniciaba en aquellos momentos su singladura.
 
Para la natación, y aunque su más importante desarrollo se estava “cocinando” lejos de los centros europeos (Australia y Estados Unidos) con importantes avances en materia de técnicas de estilos (con la superación de las modalidades precursoras del crol) la participación de numerosos campeones de aquel tiempo en los Juegos de París, suplió, con creces, las también numerosas ausencias, permitiendo continuar el desarrollo iniciado en Atenas.
 
Guillem Alsina