Por la boca muerde el pez… (segunda parte)

1.- ¿Un lema para competir? Todo el mundo tenemos dos brazos y dos pies. (Erika Villaécija)
 
Respecto a la percepción de lo que uno mismo es, se pueden cometer dos errores: infravalorarse o supervalorarse. Si tenemos un fuerte complejo de último mono, es posible que acaben por gustarnos los cacahuetes. Si nuestro amor propio es demasiado exagerado podemos –cual Narciso- morir ahogados (qué malo es siempre no saber nadar ¿no?) por no poder dejar de contemplarnos a nosotros mismos. Aunque en otras épocas ha estado mal visto aquello que dijo Aristóteles de que en el medio está la virtud, en ciertos casos resulta todavía una buena guía para nuestra conducta. Evidentemente no somos por sistema mejores que los demás; pero tampoco menos.
 
2.-Lo más importante es disfrutar con la natación. Si no disfrutas no tiene sentido nadar. (Ian Thorpe)
Los nadadores generalmente son gente que sonríe. Si los ojos son el espejo del alma, la sonrisa bien pudiera ser la puerta. Un ejemplo; no hay sonrisa más hermosa y que refleje un alma más generosa que la del que no ha ganado felicitando con sinceridad al ganador. Y es que no hay entrenamiento duro o largo si amas la natación. No hay carrera mala si has disfrutado cada momento, cada pequeño combate que has librado con las fuerzas que se crean en el agua para resistir tu avance por ella. La satisfacción de cada pequeña conquista refinando un estilo, o bajando una marca propia, suelen producir un gran placer. En este sentido, la natación es una actividad excelente para practicar un hedonismo sano. Mucho mejor que regalarse desayunos a base de ostras y cava -qué rico no obstante- porque no deja resaca, que a los nadadores no nos gustan las resacas…
 3.- Esta victoria es tan mía como de mi mujer. (Vladimir Salnikov)
Dicen que detrás de todo gran hombre hay siempre una gran mujer. Salnikov ganó su última medalla de oro olímpica cuando casi nadie daba ya un rublo por el. Nadie… excepto su mujer. Para que iba a necesitar más. Si a la confianza que tenemos en nosotros mismos añadimos la de quién comparte nuestra suerte –consorte, bonita palabra- y sentimientos, la energía que se produce no puede ser más explosiva. Cuentan los cronistas que cuando el nadador ruso llegó a la villa olímpica tras ganar su merecida medalla, los deportistas de diferentes países que se encontraban allí, cuando le vieron entrar por la puerta, espontáneamente se pusieron a aplaudirle. Un bello final para una gran trayectoria deportiva. Va a ser verdad que el amor mueve montañas; y podríamos añadir que también logra medallas olímpicas. Por qué no, nadar es un asunto “humano, demasiado humano” si se me permite parafrasear así al alemán aquel.
4.- La gente debería saber que entreno como un animal. El progreso es el resultado de un montón de factores y cuando los juntas, las cosas ocurren. (Inge de Bruijn)
No están los tiempos para creer en recetas mágicas que nos solucionen los problemas. Los milagros, en la piscina al menos, no existen. Las pociones están muy bien para los tebeos de Asterix o los libros de Harry Potter, pero el mundo real es cosa de sota, caballo y rey. El bálsamo de Fierabrás todo lo curaba menos –curiosamente- la locura de Don Quijote. La dedicación seria, la perseverancia en una tarea son las llaves del “éxito” en cualquier empresa. Algunos estamos mejor dotados que otros para algunas actividades concretas, pero del trabajo básico y concienzudo para adiestrarse en algo no se libra ni el Tato. Todo lo demás son gaitas. O mucho peor, fraudes.
5.- No puedes pretender que aprendan un perfecto crol en una semana. (Ryk Neethling)
El tiempo es buen compañero si se le sabe hacer aliado nuestro. Es proverbial que muchos maestros orientales de artes marciales educaban a sus discípulos en primer lugar en eso que llamamos paciencia. Y es que, para aprender a volar, los pájaros primero aprenden a sostenerse en dos patas. Y de volar los pájaros saben un huevo, nunca mejor dicho… Para aprender a nadar primero hay que hacerse del agua una amiga, y eso cuesta. Para perfeccionar un estilo hay que tener muchas horas de “vuelo” en ese estilo. Cuentan que un joven y orgulloso samurai fue a visitar a un viejo maestro de kendo para que le revelara el secreto de su genial arte. El viejo maestro le respondió con un bastonazo en la cabeza. Al joven le dieron la mejor lección de su vida de kendo y encima gratis… Aplicación, paciencia, toneladas de paciencia, esa es (son) la(s) madre(s) del cordero.
 
 
Carlos de Abuín