La braza, un estilo siempre controvertido (1a. parte)

Para unos, es antinatural; para otros, el primer estilo que practicó el hombre; para los más, un estilo como los otros tres, y, finalmente, para unos pocos (los estilistas no bracistas) un estilo complicado y difícil al que suprimirían de la natación para quitarse un dolor de cabeza y ganar pruebas que pierden por culpa de este estilo.
 
Para mi, la braza es un estilo, evidentemente, como los tres restantes, aunque con una interesante particularidad. Es el estilo más reglamentado y el que más cambios ha sufrido en su reglamentación, coartando siempre el aumento de velocidad que se intentaba conseguir a base, precisamente, de burlar la ley (léase Reglamento).
 
Que la braza fuera el primer estilo practicado por el hombre puede ser motivo de largas disquisiciones; que es un estilo antiguo, sin embargo, no se puede poner en duda. Fragmentos de la Odisea de Homero, parecen dar a entender (aunque de manera muy relativa) que Ulises podía haber nadado una especia de braza, así como algunos bajo relieves asirios y babilónicos, que parecen dar también a entender una primitiva braza, aunque el hecho de ser únicamente escenas bi-dimensionales, incitan a una lógica duda.
 
Comentábamos hace unos meses, en un artículo correspondiente al estilo de espalda, que en el primer libro de natación que se imprimió, año 1538, y que lleva por título “Colymbetes sive de arti natandi, dialogus………” se hace referencia a la técnica de los estilos de natación, y entre ellos al de braza, por lo que podemos considerar que en aquel tiempo ya fuera muy conocido, puesto que el autor no lo comenta como un nuevo estilo, sino como uno ya conocido. Para aquellos que no lo recuerden, el libro está escrito como una conversación sobre natación entre dos personajes, Pampiro y Erotes, el primero como profesor de natación del segundo, al que explica las diferentes formas de nadar que existen en su época. Aquí, pues, vamos a comentar la correspondiente al estilo de braza, que se inicia con un comentario de Pampiro:
 
Pampiro: todo recae en la agilidad y facilidad de movimientos. El maestro, desde la orilla, ha de enseñar como extender las palmas de las manos, arqueándolas levemente, formando una suave curva, con los dedos perfectamente juntos, nunca separados. La misma naturaleza hace que los troncos floten más fácilmente si son compactos que no cuando tienen alguna fisura.
Erotes: es bien cierto…
P.: pues, bien, sigamos. En el braceo, una vez dispuestas las manos como ya te he dicho, han de entrar en el agua igual que si fueran las palas de los remos de una embarcación. También en esto se equivoca algún gente, y es un mal inicio para los movimientos que se siguen, el introducirlas completamente planas, y no al sesgo. Ha de ser igual que si quisieras introducir una lámina en el agua; has de entrarla de filo, no presentando la parte plana al agua. Al lanzarte al agua pondrás las manos a medio pecho, tal como te he indicado, para estirarlas juntas, proyectando los brazos al frente, para, a continuación abrirlas hacia los lados, lentamente y con gran amplitud, haciendo que vuelvan a coincidir, con el mayor giro posible, nuevamente delante del pecho, de nuevo en la posición inicial, y así sucesivamente mientras nades.
E.: me he fijado perfectamente en todo.
P.: lo más importante es llevar y mantener las manos en la posición que te he dicho.
E.: continuó siendo todo oídos.
P.: hay que mantener siempre las manos bajo la superficie a una profundidad de medio pie, sin que salgan a la superficie, para no manotear en el aire antes que en el agua, que es lo que acostumbran a hacer los aprendices de nadadores. Al estilo de los perritos, a quienes imitan, sacan aquellos las manos fuera del agua, como estos las patas delanteras. Ignorantes del verdadero arte de la natación, rápidamente se cansan, y han de abandonar.
E.: bien seguro que así es.
P.: bien. Cuando hayas conseguido poner correctamente en práctica estos preceptos, todo el resto te va a parecer muy fácil. Cuando nades deberás mantener ligeramente elevados la cabeza y el cuello. Con estas normas, y las que voy a darte seguidamente, puedes tener la seguridad de que conseguirás nadar perfectamente, y las aguas te llevarán donde tu quieras.
E.: muy bien. y ahora que tengo que hacer con las piernas?.
P.:¡ calma!. Ya llegaremos ahí. ¿Te has dado cuenta tu, Erotes, en los que, al nadar, si es que a eso se le puede llamar nadar, mueven la cabeza como locos, y a cada impulso hinchan los carrillos, dejando escapar después el aire de forma forzada y poco contenida, con fuertes estertores, como si fueran a vomitar toda el agua que se han tragado anteriormente?.
E.: más de una vez los he visto, y puedo decirte que por su descompuesta gesticulación bien parece que estén a punto de ahogarse.
P.: pues si, efectivamente bien parece que estén a punto de ahogarse. Es el problema de los que no asimilaron perfectamente los inicios de este arte, o de los que aprendieron a nadar con la cabeza inclinada, escorados hacia la derecha o hacia la izquierda. De este vicio se deriva otro, y es que nadan, por decirlo de alguna manera, solo con un brazo, avanzándolo con mayor potencia, mientras el movimiento del otro brazo queda reducido por la inclinación del cuerpo sobre uno de los lados. Es lo mismo que cojear de una pierna, o que un pájaro volase con las alas desigualmente extendidas.
E.: ¿y como acertar a hacerlo?.
P.: ¿y todavía me lo preguntas?. Pues te lo vuelvo a repetir: lanzando simultáneamente ambos brazos al frente, llevando la cabeza perfectamente erguida, y todo el cuerpo bien equilibrado, alto el pecho, bien apoyado el vientre en el agua, y alta la cara, exactamente como nadan las serpientes. De esta manera podrás deslizarte por el agua.
I después de unos apuntes que no interesan para nuestro asunto, prosigue el libro:
P.: ahora ya sabes como se ha de mover la parte principal del cuerpo en el agua. Escucha ahora el resto, y fíjate bien, como acostumbras a hacerlo, en el correcto movimiento de las piernas, para que estas arrastren la parte posterior del cuerpo, de la misma manera que lo hacen los brazos con la parte anterior. Sin los unos, o sin los otros, bien poca cosa se puede conseguir. Lo aprenderás perfectamente si observas con atención las patas traseras de las ranas; las delanteras son tan pequeñas que apenas pueden distinguirse.
Cuando nades, si quieres hacer servir sabiamente los remos posteriores, recuerda siempre esta norma: hay que mantener los pies un poco más hundidos en el agua que los brazos.
E.: me parece un poco difícil recordar lo que tengo que hacer con las manos, sin olvidarme de los pies.
P.: ¿pues que harías si fueras organista, molinero, o tejedor, que se han de servir de brazos y manos simultáneamente?. Lo conseguirías rápidamente con la practica, Erotes. Lo que se ha dicho anteriormente de los dedos de las manos, sirve igualmente para los dedos de los pies: tienes que juntarlos perfectamente para que, de esta manera, sea más poderoso el impulso hacia atrás.
E.: entendidos
P.: brazos y piernas se han de mover sincronizadamente, para avanzar como los peces, o cual nave impulsada por los golpes sincronizados de sus remos.
E.: entiendo perfectamente.
P.: con el mismo ritmo lento de los brazos, arrastrarás ambas piernas hacia atrás, hasta que toquen prácticamente las nalgas. Inmediatamente las estirarás, abriéndolas ligeramente hacia los lados, proyectando las plantas de los pies contra el agua, hasta estirarlas, juntándolas detrás, y vuelva a iniciarse el ciclo. Lo que hemos dicho antes, de no sacar los brazos fuera del agua, también sirve ahora para los pies, ¿lo entiendes?
E.: perfectamente.
P.: para flotar un poco mejor, aguanta la respiración al tiempo que hinchas un poco el vientre.
E.: ¿y para que sirve esto?.
P.: ¿ignoras acaso que los cuerpos cóncavos y turgentes flotan mejor?. Ahora mismo te lo demuestro.
I para lo que nos interesa, acaba aquí la explicación del maestro Pampiro.
 
Analizando solo por encima las explicaciones de Pampiro, podemos darnos cuenta de que aquella braza de 1538 presenta ya algunos de los problemas que ha tenido la braza desde que se inició como estilo de competición, allá por la tercera-cuarta década de los 1800. Cuando, refiriéndose al movimiento de las piernas, nos dice Pampiro:
 
 “……abriéndolas ligeramente hacia los lados, proyectando las plantas de los pies contra el agua, hasta que se junten de nuevo…..”, no está haciendo otra cosa que abrir una de las primeras discusiones que se originaron sobre la braza, es decir, si el avance que se originaba desde las piernas venia dado por el cierre de las piernas (i consecuente empuje del agua hacia atrás, lo que, por el principio de acción-reacción, originaba un avance del cuerpo hacia adelante) o venia dado, según otras versiones, por el empuje de las plantas de los pies hacia atrás. O, también, el consejo que da sobre contener la respiración para poder flotar mejor, un consejo que seguían muchos técnicos hasta poco más o menos 1960, cuando la aparición de la “braza Jastremski” obligó al nadador a “esconderse”, más o menos, bajo el agua.
 
También hay que señalar el comentario del mismo Pampiro cuando dice “…de este vicio se deriva otro, y es que nadan, por así decirlo, solo con un brazo, avanzándolo con mayor potencia, mientras queda reducido el movimiento del otro, por la excesiva inclinación del cuerpo hacia un lado…..”, lo que significa que ya en 1538 se nadaba aquella modalidad que, de acuerdo con uno de nuestros tres artículos sobre los inicios del crol, dio lugar, tras diferentes “metamorfosis”, al crol. Es decir, que puede decirse que aquel Pampiroera un verdadero técnico, que supo prever el futuro…..aunque a él no le gustara aquella “desviación” de la braza.
 
Pero dejemos atrás a Pampiro, y avancemos hasta mediados del 1800. La natación de competición hace su aparición en la Gran Bretaña, y la braza inglesa es el estilo más empleado. Una braza, sin embargo, totalmente “libre”, no sujeta a reglas que puedan entorpecer su progresión. Hacia 1870 (cuando la braza primitiva ha dejado paso a las primeras modificaciones, el “side stroke” y el “over”, que darán paso, años más tarde, al crol) se suscitan las primeras discusiones técnicas sobre el estilo. ¿Qué porcentaje del avance se debe al empuje de los brazos, y cual al de las piernas?. ¿En qué medida se deben abrir las piernas para conseguir el mejor empuje?. ¿El movimiento de brazos debe ser paralelo a la superficie del agua, o debe hacerse más en profundidad?. Interrogantes que se han ido discutiendo a lo largo de los años, y que todavía hoy no están totalmente resueltos, aunque ha llovido mucho desde entonces, y cada vez son menos interrogantes.
 
A finales del 1800, la “braza inglesa” preconizaba una mayor incidencia y fuerza del nadador en el movimiento de piernas; mayor incidencia y fuerza en la abertura de piernas, procurando desplazar entre ellas, la mayor cantidad posible de agua, y una brazada paralela a la superficie del agua, aunque había “técnicos” que, como el Reverendo J.C.Wood, en su libro “How to swim” (Como nadar) defiende la teoria de una braza más de brazos que no de piernas, o un canadiense, un tal Capitan Andrews, defensor del movimiento de brazos más en profundidad.
 
De todas formas, no tenemos muchas noticias de aquella braza inglesa, puesto que en aquellas competiciones de finales del siglo XIX y principios del XX, de lo que se trataba era de ir lo más rápido posible, i, por lo tanto, las competiciones se disputaban en estilo “libre”, es decir, cada nadador hacia servir el que mejor le iba, sin atender a reglas estilísticas.
 
No fue hasta 1900, en los Juegos de Paris, cuando a la modalidad “libre” se le sumó la especialidad de espalda, y no fue hasta cuatro años después, en 1904, en los de Saint Louis, cuando hizo su aparición la braza, impuesta por los europeos, ya que este estilo, un poco menospreciado por los norteamericanos en razón de su poca velocidad, era muy apreciado por los europeos, sobre todo en los países del centro y norte, para la enseñanza de la natación. Una única prueba sobre 440 yardas inauguró en Saint Louis la presencia de la braza en los JJ.OO. y en la escena internacional, ganada claramente por los alemanes, con Imre Zacharias, 7,23”6, seguido de Walter Brack, 7,24”8, mientras el norteamericano Jamison Handy era tercero, 7,33”0.
 

  
Video chino de enseñanza para nadar braza 

Los Juegos de Londres-1908 representan el auge de la braza inglesa, que se impone como la mejor, técnicamente hablando. Las 440y. de Saint Louis dejan paso a los 200m., distancia que se convertirá en clásica, y única que se nadará hasta los Juegos de Ciudad de México-1968, donde se le sumará la del hectómetro. El triunfo británico es rotundo, copando los dos primeros lugares con los 3,09”2 de Frederick Holman, primer récord mundial homologado por la recién nacida FINA, y los 3,12”8 de William Robinson (que parece ser el nadador con más edad que ha subido a un podio olímpico, puesto que al parecer rondaba los 38 años, y decimos “al parecer” ya que hay ciertas dudas acerca de su verdadera edad) mientras el sueco Pontus Hansson era tercero en 3,14”6.

 
¿En que consistía aquella “braza inglesa”?. Pocos datos tenemos sobre ella, pero, al parecer se trataba de la que hemos descrito un poco más arriba, es decir, un estilo muy deslizante, con amplia brazada paralela a la superficie, llevada prácticamente hasta la misma línea de los hombros, y una patada también muy amplia, con gran abertura de las piernas, con las rodillas dirigidas hacia el exterior, evitando que se hundan, lo que daba como resultado una brazada larga y muy amplia.
 
Con esta técnica, el récord progresó desde los 3,09”2 de Holman, a los 3,08”3 del sueco Robert Andersson en 1909 (p.25y.) seguido del belga Felicien Courbet, que al año siguiente, 1910, le hizo dar un importante salto, dejándolo a las puertas de los tres minutos, 3,00”8 (p.25,20m.) adelantándose un poco a su tiempo, puesto que su récord no fue superado hasta cuatro años después, cuando el británico Percy Courtman fue el primero en bajar de los tres minutos, consiguiendo un tiempo de 2,56”6, p.25y.
 
El hectómetro tuvo su primer recordista en el húngaro Andras Baronyi con un tiempo de 1,24”0 (p.34m.) conseguido en 1907 (homologado, pues, retrospectivamente) seguido del belga Felicien Courbet, 1,22”6 en 1909 (p.25m.); otro húngaro, Odon Goldi, 1,21”8, en 1910 (p.33,33m.) y el alemán Walter Bathe en dos ocasiones, también en 1910, 1,18”4 y 1,17”8, ambas en p.25m., antes que la y Guerra Mundial (o Europea, como queramos llamarle) cortara prácticamente en seco este progreso que había experimentado la natación mundial, sobre todo desde 1908.   
 
 
Guillem Alsina