A vueltas (todavía) con Mark Spitz

Me estoy dando todavía de cabezazos contra la pared. Este sábado, “buceando” entre mis viejos videos, me he encontrado con uno que me ha llevado, como ya he dicho, a darme cabezazos contra la pared. Si con los años se gana experiencia, parece que también se pierden facultades, entre ellas la memoria.
 
Escondido entre un reportaje de la Copa de Europa de natación del 1989 en Sabadell, y otro sobre el Maestro Pau Casals (un gran aficionado a la natación), me he encontrado ¡ay de mi!, con la conversación que en verano de 1989 sostuvieron unos jóvenes Olga Viza y José Ruiz Orland para el programa Estudio Estadio de TV2, con Mark Spitz y Ron Balatore, con motivo del sonado “come-back” (regreso) que el mítico nadador norteamericano intentó con vistas a renovar su título de los 100m.mariposa…..20 años después.
 
Es un episodio que ni siquiera figura en mi libro sobre la natación olímpica (por eso me estoy dando de cabezazos en la pared) pero que pienso incluirlo en la edición que saldrá en NotiNat, puesto que no hay demasiados ejemplos (en realidad, ninguno) de que un nadador intente revalidar un título olímpico…..20 años después de haber conseguido el primero. Así que, continuaré dando cabezadas contra la pared más adelante, y os cuento este olvidado episodio de la natación mundial.
 
La cosa fue así. A principios de 1989, Mark Spitz se encontró con Ron Balatore (uno de los mejores entrenadores USA de aquellos años, especializado en nadadores más bien velocistas) y le comentó, como quien no quiere la cosa, qué le parecería entrenarlo con vistas a reaparecer en la competición, y intentar nadar los 100m.mariposa en los JJ.OO. de Barcelona-1992.
 
Esto de los retos parece que les va, a los norteamericanos, y Ron, sin pensárselo mucho, le respondió que podrían hablarlo. Pocos meses después, Spitz se presentó en la Universidad de UCLA (University California Los Angeles) donde entrenaba Balatore, para ponerse a su disposición y entrenarse aquellos casi tres años que faltaban para los Juegos de Barcelona. Negocios inmobiliarios y de otra índole, le permitían al mítico nadador, “vivir de rentas” y dedicarse al reto que se había marcado.
 
En la entrevista, él mismo cuenta que cuando vio que en los Juegos de Los Angeles-1984, el cuarto clasificado (el venezolano Rafael Vidal) conseguía unos 54”27 que era, precisamente, el tiempo con el cual, doce años antes se había proclamado campeón olímpico en Munich, y que cuatro años después, en Seul-1988, con aquellos 54”27 todavía hubiera podido estar en la final (séptimo fue el canadiense Tom Ponting, 54”09; octavo el soviético Vadim Iaroshuk, 54”60) se le encendieron unas lucecitas en su cerebro, diciéndose a él mismo que quizás seria posible intentar un regreso a la competición.
 
La entrevista, lógicamente, no tiene desperdicio. Spitz recalca una y otra vez que su regreso es solo un reto que se ha propuesto; que no tiene ningún miedo a fracasar, ya que solo intentarlo representa un triunfo para él, y que se encuentra perfectamente entrenando en UCLA, integrado dentro de su equipo de competición, y que sus compañeros lo han acogido muy bien, encantados de tener a su lado un mito de la natación mundial como es él. Dice que, evidentemente, en Barcelona va a nadar únicamente los 100m.mariposa, puesto que a su edad, 42 años tendrá en la cita con la Ciudad Condal, ya no se pueden hacer “maravillas”, y con una prueba le basta.
 
Entre él y Balatore aclaran que se conserva bastante bien, que solo tiene 3 o 4 quilos de más de su “peso ideal” de cuando era joven, y que los entrenamientos se han iniciado con un metraje de 3 o 4 kilómetros, todos ellos en aeróbico, con el fin de poner su organismo en disposición de resistir los 5 o 6 que van a ser su metraje final con vistas a los Juegos, pero que, a partir de un cierto momento, se va a entrenar única y exclusivamente la velocidad, dejando el aeróbico de lado, o, por lo menos, conservando solo una pequeña proporción dentro del esquema de entrenamiento.
 
Evidentemente, Spitz no ganó su reto. Aunque no hemos podido llegar a saber como se desenvolvió exactamente su corta segunda carrera deportiva en los tres años siguientes, si podemos decir que no pudo conseguir los 55”69 que se pidieron en 1992 para poder disputar los “trials”, y que, por lo tanto, aquella “aventura” quedó precisamente en eso, en una “aventura”. Suponemos que Mark volvió a sus negocios inmobiliarios, que era lo que le tocaba hacer, olvidándose, definitivamente, de la competición.
 
De todas formas, este de Mark Spitz no ha sido el más anecdótico de los “come-back” que ha dado nuestro deporte. No estará mal recordar que en 1932, y también con 42 años, se presentaba a los “trials” USA para los Juegos de Los Angeles de aquel año, otro mito de la natación mundial, Duke Kahanamoku, doble campeón olímpico de los 100m.crol en 1912 y 1920, medalla de plata en 1924, y varias veces recordista mundial de velocidad, 4 en las 100 yardas y 3 en los 100 metros (1,00”4 en piscina de 100m., antes de que John Weismuller fuera el primero en bajar del minuto).
 
Tampoco él consiguió la clasificación. Se lamentaba de su eliminación, comentando: “siempre es lo mismo, las piernas; todo va bien hasta los setenta metros, luego…..todo se ha acabado”.
 
Hay una pequeña diferencia entre ambos casos. En el caso de Kahanamoku se trataba de un caso de longevidad deportiva (todavía es el campeón olímpico de más edad, ya que cuando ganó en Amberes-1920, hacía cinco días que había cumplido los 30 años) por lo que en 1932 solo hacía realmente 8 años que había dejado la competición, mientras Mark Spitz hacía 20 años de ello.
 
Como podéis ver, pesan los años, pesan los quilos, todo pesa a partir de cierta edad.
 
Guillem Alsina