Donald “Don” Schollander, Un caballero de la natación

Quienes hayan leído nuestro anterior artículo sobre Mark Spitz pueden haberse quedado con la impresión que este Schollander del cual nos proponemos hablaros hoy, es un poco, como quien dice, el “malo de la película”, cuando nada está más lejos de la realidad, puesto que, por lo menos en el aspecto deportivo (en el personal no tenemos bastantes datos para juzgarlo, aunque todo apunta en la misma dirección) siempre se mostró como un perfecto caballero del deporte.
 
Donald “Don” Schollander nació un 30 de abril de 1946 en Charlotte (Carolina del Norte). En 1962, a los 16 años, se trasladó a Santa Clara, California, para entrenarse con George Haines, entrenador del famoso Santa Clara S.C. con el que conquistó numerosos títulos y récords a lo largo de una carrera deportiva que se alargó durante 6 años, hasta 1968.
 
A principios de 1964, Schollander y uno de sus grandes rivales, Roy Saari, eran dos de los principales candidatos a ser las figuras más relevantes de los JJ.OO. de Tokio que se disputaban aquel año. Ambos pretendían realizar una hazaña única en la historia de la natación olímpica, como era conseguir vencer en las tres pruebas de crol que se disputaban en aquel tiempo, 100, 400 y 1.500m. Aunque Schollander comenzaba a tener una mayor dedicación a las pruebas más cortas, 100, 200 y 400m., sus inicios natatorios provenían precisamente de la prueba más larga, los 1.500m. (en 1962 había sido el 15o. mejor tiempo mundial de esta prueba) lo que le llevó a encarar este reto.
 
Pensando con la cabeza, había decidido especializarse en los 200m., comprendiendo que con ello, mejoraría tanto su velocidad como su resistencia, es decir, podría mejorar sus prestaciones, tanto en la distancia inferior, 100m., como en la superior, 400m., e incluso en los 1.500m.
 
Esta especialización comenzó rápidamente a producir substanciosos réditos, cuando un 27 de julio de 1963 se convierte en el primer hombre que nada el doble hectómetro por debajo de los dos minutos, 1,58”8 más exactamente, superando los 2,00”3 del australiano Robert “Bob” Windle, conseguido pocos meses antes, un 21 de abril del mismo año. Este no es, sin embargo, el único récord en una distancia que trabaja como pocos, estudiando pacientemente, pero con determinación, la mejor forma de nadarla. Tres semanas después, 17 de agosto, en el curso de una gira por el Japón, rebaja su récord a 1,58”5 en Tokio, y siete días más tarde, en Osaka, le “lima” todavía una centésima, dejándolo en 1,58”4.
 
Pocos meses después, y en la antesala de los “trials” USA, Schollander se retractó, prefiriendo un sólido realismo a una hipotética y muy elucubrativa hazaña. En una rueda de prensa, declaró: “creo que es totalmente imposible entrenarse para las tres pruebas de crol, conservando idénticas posibilidades de victoria en las tres, y por ello he decidido renunciar a los 1.500m., concentrándome en los 100 y 400m., lo que me dará grandes posibilidades de integrar los tres relevos, con lo que puedo aspirar a conseguir cinco medallas de oro”. Roy Saari, por el contrario, no renunció a su sueño, y anunció su decidido propósito a presentarse a las tres pruebas de crol, además de los 400m.estilos, y formar parte de los tres relevos, con lo que aspiraba a una hazaña sin igual, intentando ganar siete medallas de oro.
 
Schollander, pues, se concentró en las dos pruebas más cortas. El 24 de mayo de aquel año 1964 supera por cuarta vez el récord mundial de los 200m. al señalar 1,58”2, antes de participar en los temidos “trials” USA, de los que él mismo asegura “ser más difíciles que los propios JJ.OO.”. En Los Altos confirma “casi” todas sus ambiciones, consiguiendo su clasificación para las pruebas de 100 y 400m.crol, así como para los 4×100 y 4x200m.crol, no así para los 4x100m.estilos, al ser solo segundo en los 100m. crol tras de Gary Ilman. La clasificación, además, va acompañada de dos excelentes resultados, como son los récords mundiales de los 200 y 400m.crol. Por quinta vez consecutiva rebaja el doble hectómetro, haciéndole doblar el cabo del 1,58”, 1,57”6 el 1 de agosto, después que el día anterior haya superado el de los 400m., 4,12”7, arrebatándoselo a otro de los mitos de la natación mundial, el australiano Murray Rose, 4,13”4 el 17 de agosto de 1962.
 
Después, Tokio y sus magníficos Juegos. El 11 de octubre se disputan las eliminatorias y las semifinales de los 100m.crol, sin ningún problema para los principales favoritos. En la final del día siguiente estarán, además de los tres velocistas USA, Gary Ilman, Mike Austin y nuestro biografiado, el francés Alain Gottvalles, campeón europeo dos años antes, y recordista mundial con unos 52”9, conseguidos un mes antes de los Juegos, 13 de septiembre, en Budapest; el escocés Bobby McGregor (que nada, naturalmente, bajo bandera de la Gran Bretaña) recordista mundial de las 110 yardas en 53”9, y que será campeón europeo dos años después, y, finalmente, Hans-Joachim Klein, un alemán del oeste, igualmente un reputado velocista.
 
Cualquiera de estos seis nadadores puede ser el vencedor, tanta es la igualdad entre ellos. Un detalle distingue, sin embargo, a Don Schollander de sus cinco rivales, él es el único que ha sido nadador de 1.500m. en los inicios de su carrera; unos meses antes de los Juegos, en el curso de un entrevista, ha declarado: “en los últimos 20m. de una prueba de 100m.muy igualada, siempre tendrá ventaja el nadador que “venga” de los 1.500m., ya que resistirá mucho mejor el sufrimiento físico que generan los últimos metros de una carrera de velocidad”.
 
En la final, Austin es el más rápido en el viraje, aunque llevando muy cerca a McGregor y a Schollander. Este ataca inmediatamente después del viraje, cogiendo medio cuerpo de ventaja; en los últimos veinte metros se produce el acostumbrado ataque del escocés, aunque Schollander, haciendo honor a sus palabras, resiste los embates del escocés, proclamándose campeón olímpico, 53”4, por 53”5 de McGregor, mientras Ilman y Klein se disputan el tercer lugar, con un empate absoluto, 54”0 para ambos, y cuatro jueces de llegada que han visto tercero a Klein, otros cuatro al norte-americano.
 
Por vez primera la electrónica se “entromete” en una competición de natación; una ”maquinita” de este tipo, además de ofrecer, casi instantáneamente, los tiempos de cada nadador, en centésimas de segundo, ordena además su clasificación, y es así como dictamina que el alemán ha sido tercero ¡por una milésima de segundo!, en perjuicio de Ilman, al que no le sirven de nada las reiteradas protestas de la delegación USA que, como en Roma con el asunto DevittLarson, se siente poco menos que estafada. Alain Gottvalles, quinto al no poder mantener la tensión de ser el favorito, por su récord mundial, se convierte en uno más de los recordistas mundiales que no han conseguido el oro olímpico.
 
Tres días más tarde, 15 de octubre, y después de unas plácidas eliminatorias, en las que consigue el mejor tiempo, 4,15”8, nuevo récord olímpico, superando los 4,17”2 del alemán oriental Frank Wiegand (aunque Alemania se presenta con un solo equipo, mezcla de ambas “mitades” de la Alemania de la post-guerra) en la anterior eliminatoria, Schollander se alinea para disputar la final de los 400m., con la vitola de favorito, tanto por ser el recordista mundial, como por su reciente victoria en el hectómetro.
 
 Aunque su compañero Saari toma el mando de la prueba en el primer hectómetro, 1,00”3, por 1,00”4, Schollander no le permite “marcharse”, tomando el mando de la prueba a partir de los 150m., 2,05”7 a mitad de la prueba, aunque con Saari muy cerca, 2,06”0, y el resto de finalistas; el tercer hectómetro, como acostumbra a pasar en los grandes 400m., será la clave del triunfo; Schollander se escapa de sus grandes rivales, 3,10”5, y aunque el australiano Wood intenta seguirlo, 3,10”6, lo pagará en los últimos metros, cuando Schollander, imponiendo su mayor velocidad, consiga su segundo oro, 4,12”2 (con un sensacional último hectómetro en 1,01”7) por delante del alemán Wiegand, 4,14”9, que se aprovecha del hundimiento de Wood en los últimos metros, tercero en 4,15”1.
 
Schollander ha hecho una carrera perfecta, 2,05”7 y 2,05”5 en sus dos mitades, una repartición del esfuerzo más encaminada a conseguir la victoria que el récord mundial, aunque cae el récord (anterior sus 4,12”7 de los “trials” olímpicos, pocas semanas antes) por la propia inercia de la carrera. Con esta victoria, se convierte en el segundo y último (por lo menos hasta Atenas-2004) hombre que consigue los títulos de 100 y 400m.crol, pues únicamente su compatriota, el mítico John Weissmuller, lo había conseguido anteriormente al imponerse en los 100 y 400m.crol de París-1924.
 
Schollander completa su actuación individual, con el triunfo de los cuartetos USA en los 4×100 y 4x200m.crol, sumando cuatro medallas de oro que le convierten en el nadador “recordista” de medallas en unos solos Juegos.
 
Aunque no está dispuesto a pararse en sus cuatro medallas de oro, 1965, sin embargo, no empieza excesivamente bien para él. Una mononucleosis, enfermedad que afecta relativamente de manera frecuente a nadadores, le impide entrenarse durante casi todo aquel año, aunque no le va a impedir continuar su carrera, que reemprende a principio de 1966, con un éxito total. El 29 de julio, en la piscina olímpica de Los Ángeles, supera, por sexta vez consecutiva, el récord mundial de los 200m. (los 1,57”6 de Los Altos, dos años antes) dejándolo en 1,57”2.
 
Al mes siguiente, en Lincoln, se disputan los Nacionales USA, donde demuestra, tanto su total restablecimiento de la mononucleosis, como de su ambición para los Juegos de 1968 en Ciudad México, donde se han programado, en una amplia ampliación del programa de natación, “su” prueba predilecta, los 200m. El 18 de agosto supera su récord mundial de los 400m., los 4,12”2 de Tokio, dejándolo en 4,11”6 (récord que perderá, sin embargo, siete días después, a manos de Frank Wiegand, que en los Europeos de Utrecht firmará unos mejores 4,11”1). Al día siguiente, 19, pulveriza su anterior récord de los 200m., rebajándolo en un segundo, 1,56”2, por séptima vez, demostrando que, efectivamente, es el “rey” del 200m.
 
En 1967 revisa sus objetivos. Cada vez más dedicado a “sus” 200m., deja de lado los 400m., renunciando a renovar su título de Tokio (es solo quinto en los Nacionales de este año) aunque demuestra que conserva sus ambiciones en el hectómetro al vencer en los Nacionales con unos buenos 53”3, al mismo tiempo que continua su imparable progreso en los 200m., con dos nuevos récords: 1,56”0 el 29 de julio al imponerse en los Panamericanos, y 1,55”7 el 12 de agosto al vencer en los Nacionales. Su apuesta va para 5 nuevas posibles medallas de oro (100, 200, 4×100 y 4x200m.crol, y 4x100m. estilos) superando las cuatro de Tokio.
 
1968, sin embargo, le produce los primeros problemas. Una ligera recaída de su pasada enfermedad no le permite entrenarse a fondo durante el invierno, y esto lo va a notar más tarde en los “trials”. En Long Beach, donde se disputa las temibles, y temidas, pruebas de selección, es eliminado de los 100m. al conseguir solo el quinto lugar, 53”4, después de haber conseguido la mejor marca de las eliminatorias, 52”9, aunque no falla en los 200m., donde “volatiliza” literalmente su récord mundial en las dos ocasiones que nada la prueba: en las eliminatorias con 1,54”8 (56”3 y 58”5) y en la final, recortándolo en medio segundo, 1,54”3, nadando con mayor inteligencia, 56”7 y 57”6 en ambas mitades.
 
Su eliminación de los 100 y 4x100m.crol y 4x100m.estilos, le va permitir, sin embargo, centrarse totalmente en “sus” 200m., donde aspira a convertirse en el primer campeón olímpico de esta prueba (no contando, evidentemente, las disputadas en Paris-1900 y Saint Louis-1904) para coronar de esta forma su magnífica carrera dentro de esta prueba, donde ha batido el récord en 10 ocasiones consecutivas, una hazaña únicamente superada por Dawn Fraser, que superó en 11 ocasiones el récord de los 100m.crol, aunque únicamente 9 de consecutivas.
 
Y llegan los Juegos. El 18 de octubre se disputan las eliminatorias de los 200m., que no presentan absolutamente ningún problema para los grandes favoritos. En la final estarán el australiano Mike Wenden, que ya se ha adjudicado de manera brillante los 100m., superando el récord mundial, principal escollo para que Schollander pueda conseguir el título, además de otros, que únicamente cuentan para los lugares a partir del tercer lugar, tanta es la superioridad de ambos nadadores sobre sus oponentes.
 
Wenden domina desde los primeros metros de la final, 56”4 por 57”1 a mitad de carrera, una ventaja a la cual se aferra el australiano con uñas y dientes, resistiendo los sucesivos y desesperados embates del norteamericano, que ve como, poco a poco, se le escapa la posibilidad de coronarse campeón olímpico de estos 200m. Al final, y prácticamente sin poder recortar nada de la ventaja de Wenden, Schollander solo puede ser segundo, 1,55”2 por 1,55”8. Su sueño se ha esfumado.
 
Demostrando la deportividad que le ha granjeado la admiración de sus rivales, Schollander, todavía en el agua, es el primero en felicitar al australiano, a pesar de la gran decepción que se adivina en su rostro. Después, ya en la rueda de prensa, anunciará su definitiva retirada de la natación. Tiene 22 años, su carrera terminada, y le aguarda la vida civil, ya lejos de las piscinas, después de una carrera jalonada por 5 medallas de oro, 1 de plata, y 13 récords mundiales.   
 
Guillem Alsina