Chet Jastremski. El Hombre de las pinzas en la nariz


Chester Jastremski después de batir el record de 100 braza en piscina de 25 yardas (58.4). Entrevistado junto a su padre a pie de piscina.

Chester “Chet” Jastremski empezó su carrera deportiva como un modesto estilista que participó en las eliminatorias de los 400m.estilos de los Campeonatos Nacionales USA, siendo eliminado, sin tener ningún relevancia en ellos.

 
Al año siguiente, 1960, Jastremski termina el año como el segundo bracista mundial del hectómetro con un tiempo de 1,11”8, que en realidad significaba el número uno oficial puesto que quien le precedía era el chino Mokuo Msing, 1,11”0 (un tiempo mejor que el récord mundial del ruso Vladimir Minashkine, 1,11”5 en septiembre de 1957) aunque había que tener en cuenta que la China no estaba adherida a la FINA, y, por ello, estos 1,11”0 no podían ser homologados, y constaban únicamente a efectos estadísticos. En 1961, exactamente un 20 de agosto, Jastremski sorprende al mundo de la natación cuando en los Campeonatos USA que se disputan en Los Ángeles, señala tres nuevos récords mundiales de braza, dos en el hectómetro, y uno en los 200m.
 
¿Como fue posible que un bracista que a principios de 1960 no bajaba de 1,14”, señalara siete segundos menos un año y medio después. Quizás si esto se produjera en nuestros días, más de uno encontraría la solución, achacándola a métodos extradeportivos, más en aquel tiempo, y tratándose, además, de un bracista, quedaba fuera de toda duda que nada se tenia que achacar a prácticas obscuras, y si, únicamente, a soluciones técnicas en un estilo que estaba sufriendo desde hacia unos años una completa revolución estilística.
 
Hagamos un inciso de cuatro años y medio. A partir del 1 de enero de 1953, braza y mariposa habían sido separadas y reconvertidas en dos estilos completamente diferentes. Mientras la braza-mariposa empezaba a derivar hacia la mariposa-delfín, la braza iniciaba un tortuoso proceso de transformación. Debido a los muchos años de convivencia con la modalidad de mariposa, 1934-1952, y a que esta última había ido ganando rápidamente adeptos, en detrimento de la braza, esta, estilísticamente hablando, no había sufrido prácticamente ninguna alteración de la que se nadaba en su época dorada, en la década de los años 30, por lo cual, al ser separada de la mariposa, sus técnicos se encontraron con un estilo completamente anticuado, que debía ser modernizado para conseguir que continuara progresando, tal y como lo estaba haciendo la mariposa con el descubrimiento de la nueva modalidad con piernas de delfín, en lugar del movimiento de braza de lo que podríamos denominar como “mariposa clásica” que había muerto apenas nacida.
 
Innovar en un estilo como el de braza, sujeto a estrictas reglas, era, sin embargo, difícil. Los tiempos impuestos por la FINA para homologar los primeros récords mundiales oficiales de braza, 1,12”0 y 2,38”0 (tiempos prácticamente conseguidos ya a finales de la década de los años 30 por el francés Jacques Cartonnet) son superados rápidamente por el ruso Vladimir Minaschkine, en dos ocasiones, 1,11”9, 1,11”2 (11 y 23 de febrero de 1953) y 1,10”5 (25 de febrero del 1954) en un entrecruzamiento con el polaco Marek Petrusewicz, que lo supera en dos ocasiones, 1,10”9 (18 de octubre de 1953) y 1,09”8 (23 de mayo de 1954) mientras en los 200m. es el danés Knud Gleie quien lo supera en primer lugar, con 2,37”4, un 14 de marzo de 1953.
 
Un primer cambio llega del Japón, cuando Masaru Furukawa demuestra una nueva concepción de la braza, aunque no se trate de un cambio estilístico. Partiendo del principio de que la resistencia que ofrece el cuerpo al avance es menor cuando está completamente sumergido en el agua, técnicos japoneses han sacado del olvido la que se había conocido, a finales de la década de los años 20 y principio de los 30, como “braza submarina” o “braza filipina” ya que había sido demostrada por un bracista filipino, Teofilo Ildefonso, consiguiendo excelentes resultados como pueden ser sus dos terceros lugares en las finales de los Juegos Olímpicos de Amsterdam-1928 y Los Angeles-1932, y un séptimo lugar en la de Berlin-1936. Tenia pues, aquella “braza filipina” un excelente “curriculum”, aunque la verdad es que no era excesivamente practicada, puesto que se trataba de una modalidad hasta cierto punto agotadora.
  
Resumiendo, la “braza filipina” era una modalidad en la que el nadador efectuaba un cierto número de brazadas submarinas (de donde cambió el nombre de “filipina” por el de “submarina”) que dependían de la potencia ventilatoria del nadador, dando una brazada completa, es decir, llevando los brazos hasta extenderlos al lado del cuerpo, con las manos en los muslos, es decir, la que se permite a los bracistas de hoy en día después de la salida y los virajes.
 
 Dos ejemplos, entre muchos, darán idea a nuestros lectores de lo que podían llegar a ser estos recorridos submarinos: el primero concierne a Furukawa y la final olímpica de Melbourne-1956, en la que venció ampliamente destacado con un tiempo de 2,34”7, y dos segundos de ventaja sobre su compatriota Masahiro Yoshimuta; Furukawa inició la prueba con un recorrido en completa apnea de unos 40 metros, seguido de otro de unos 125-135 metros en los que alternó una brazada en superficie con dos o tres submarinas, hasta los últimos 25 metros que volvió a hacerlos en brazada submarina.
 
El segundo ejemplo concierne al norteamericano Robert Hughes que el 25 de mayo de 1956 batió el récord mundial de las 100 yardas braza en 1,00”4, haciendo únicamente cuatro aspiraciones de aire, una en la salida, y las otras tres en cada uno de los virajes, mientras el resto de la prueba se la pasó enteramente por debajo del agua.
 
Por una vez la FINA reaccionó a tiempo, tomando cartas en el asunto. Por un lado, se dio cuenta de que aquellos recorridos en completa apnea podían resultar muy peligrosos para la salud, e incluso para la vida del nadador, mientras por el otro, la visión de ocho cuerpos “buceando” bajo el agua, sin apenas aparecer a la superficie (por lo menos esto era posible en piscinas de 25 metros) podría restar vistosidad al espectáculo. Por todo ello, en el Congreso de Melbourne, la máxima institución mundial de nuestro deporte determinó reglamentar aquella “braza submarina”, dictaminando que a partir del 1 de mayo de 1957 únicamente se podría hacer una brazada submarina completa después de
la salida y de cada viraje, mientras en el resto del recorrido, alguna parte de la cabeza del nadador debería, obligatoriamente, salir por encima del nivel del agua. Una vez más, el estilo braza, siempre el más polémico de los cuatro, sufría una nueva “amputación”.
 
Vuelta pues a empezar para los técnicos, en su constante buscar la mayor velocidad posible para un estilo al que se “encorsetaba” constantemente. Sin embargo, parecía no haber otra solución técnica que copiar aquella braza que tantos éxitos había ofrecido a los nadadores de antes de la II Guerra Mundial, sobretodo japoneses y alemanes.
 
Los 2,40” que la FINA impone como tope para homologar el récord mundial de la nueva modalidad, no es batido hasta el año siguiente, 28 de junio, por el australiano Terry Gathercole, al conseguir unos excelentes 2,36”5, empleando una braza totalmente clásica, en la que únicamente destaca la respiración conocida como “japonesa” (en la respiración “alemana” se inspiraba conforme se abrían los brazos, mientras los adeptos de la respiración “japonesa” lo hacían cuando los brazos habían terminado la brazada, iniciando la recuperación) un récord que no se movió a lo largo de todas esta olimpiada 1956-1960 (el norteamericano Bill Mulliken venció en los Juegos de Roma con 2,37”4).
 
Si, en cambio, se movió bastante más el de los 100m., donde el tope de 1,13”0 impuesto por la FINA fue sucesivamente superado por el checo Viteslav Svozil y el chino Ci Le-Jun (o Chi Lieh-Yung según otras formas de escribirlo) 1,12”7 y 1,11”6 el mismo día 1 de mayo de 1957, y los soviéticos Vladimir Minashkine, 1,11”5 (15 de setiembre del mismo 1957) y Leonid Kolesnikov, 1,11”4 (5 de mayo de 1961) aunque sin dar la sensación de que la braza pueda evolucionar lo suficiente como para convertirse en un estilo bastante más rápido de lo que había sido hasta aquel momento.
 
Y es aquí donde aparece nuestro personaje, Chester “Chet” Jastremski, un modesto estilista, pero que tuvo la gran suerte de estar bajo las órdenes de uno de los técnicos de más prestigio de la natación mundial, James “Jim” Counsilman (más conocido como “Doc” Counsilman) “coach” de la Universidad de Indiana, donde tenia su laboratorio particular, desde el que inició, y no solo por el tema que nos ocupa, una nueva era de la natación mundial.
 
Partiendo de la premisa incuestionable de que el cuerpo de un nadador ofrece menos resistencia al avance cuando está sumergido que cuando se desplaza por la superficie, Counsilman intuyó que la solución del problema era conseguir una técnica estilística que permitiera al nadador mantenerse el máximo posible “oculto” bajo el agua, pero sin contravenir el reglamento de la FINA que obligaba a mantener “alguna” parte de la cabeza sobre el nivel del agua. Dicho y hecho, y con un “conejillo de Indias”, en este caso Chet Jatremski, con el que empezó a probar lo que él había pensado.
 
El resultado muy pronto se vio, y resultó un gran éxito. El 2 de julio de 1961, Chet se apodera del récord mundial del hectómetro con un tiempo de 1,11”1, récord, empero, que pierde solo tres días después cuando el alemán oriental Gunter Tittes lo rebaja en tres décimas, 1,10”8. El norteamericano, sin embargo, está lanzado, poniendo cada vez más a punto su nueva modalidad. Veintidós días después de haber sido desposeído de su récord del hectómetro inicia una racha sensacional: el 28 de julio, en Tokio, en el curso de una gira del equipo USA por tierras japonesas, consigue hacerse con los dos récords, el del hectómetro en 1,10”7, el de los 200m. en 2,33”6, rebajando el récord de Gathercole en casi tres segundos; dos días después, 30 de julio, en el mismo Tokio, rebaja a 1,10”0 su récord del hectómetro, y cuatro días después, 3 de agosto, en Osaka, vuelve a superar su récord, esta vez en 1,09”5.
 
El 19 de agosto del mismo 1961 en la piscina olímpica de Los Ángeles donde se disputan los Nacionales USA, y cada vez más “afinada” su nueva braza, pulveriza de nuevo su récord de los 200m. al bajarlo por segunda vez en cuatro segundos, 2,29”6; al día siguiente, 20 de agosto, en las eliminatorias del hectómetro, supera en casi dos segundos su anterior récord, dejándolo en 1,07”8, tiempo que rebaja hasta 1,07”5 en la final de la tarde.
 
Es difícil, por no decir imposible, pedirle más a un nadador que en seis semanas ha recortado casi cuatro segundos al récord del hectómetro; en tres semanas, ocho segundos el récord de los 200m. Amanece, pues, una nueva era para la braza, impulsada por el hombre “de las pinzas en la nariz” puesto que Chet nadaba siempre con una pinzas que impedían que pudiera entrarle agua por la nariz (al parecer padecía de fuertes ataques de sinusitis) cogidas por detrás de la cabeza con una banda de goma (tal y como ahora se sujetan las gafas) un detalle que ya se había visto en algún espaldista (el campeón olímpico de los 100m.espalda en Londres-1948, el norteamericano Allen Stack, por ejemplo, acostumbraba a usarlas) pero nunca en un bracista.  
 
Podéis ver un interesante video en la dirección http://www.ishof.org/video_archive/jastremski.htm. Se trata de la final de 100 braza (yardas) de los Campeonatos de la AAU de 1963 en la piscina de la Universidad de Yale.
 
 
Guillem Alsina