Victor Davis. L’enfant terrible canadiense

Aprovechando que pronto se va a empezar a rodar una película sobre uno de los mejores nadadores de la historia de Canadá, os ofrecemos su biografía, desde sus inicios hasta su muerte en una situación extraña que nunca se aclaró.
 
Victor Davis nació un 10 de febrero de 1964 en la localidad canadiense de Guelph, provincia de Ontario. A los 6 años aprendió a nadar en uno de los lagos próximos a su localidad, y a los 12 se enrolaba en el club de natación de su pueblo, poniéndose a las órdenes del “coach” Cliff Barry, su primer y único entrenador. En 1981 aparecía por vez primera en los rankings mundiales de 100 y 200m.braza (13o. en 1,04”24, y 10o. en 2,19”53, respectivamente) en un imparable ascenso que iba a llevarlo, al año siguiente, a los primeros lugares del ranking (2o. en 100m., 1,02”82, y 1o. en 2,14”77) para mantenerse en ellos, con algunos altibajos, hasta 1989 cuando se retiró de la competición.
 
Su primera gran competición internacional fue la cuarta edición de los Campeonatos Mundiales que se disputaron en la ecuatoriana Guayaquil entre el 29 de julio y el 7 de agosto. Allí, el canadiense consigue primeramente una medalla de plata en el hectómetro, inclinándose ante el norteamericano Steve Lundquist, uno de sus clásicos rivales, por solo 7 centésimas, 1,02”75 por 1,02”82, pero se venga en los 200m. donde consigue la victoria, acompañándola con su primer récord mundial, 2,14”77, superando unos históricos 2,15”11 conseguidos por el escocés David Wilkie al vencer en los Juegos de Montreal, seis años antes.
 
Pocos meses después, a principios de octubre, remacha su magnífica temporada en los Juegos de la Commonwealth, disputados en la australiana Brisbane, al imponerse en los 200m. con un tiempo de 2,16”25, récord de los Juegos, mientras es segundo en el hectómetro al caer frente a otro de sus grandes rivales, el británico Adrian Moorhouse, por apenas 25 centésimas, 1,02”93 por 1,03”18. El relevo de 4x100m.estilos es descalificado por toma irregular de uno de sus componentes, y Víctor se enfada de tal manera que propina un furioso puntapié a una de las sillas de los cronometradores, bajo la atenta, y suponemos que sorprendida, mirada de la Reina Isabel II de Inglaterra, que asistía como invitada de honor a la competición.
 
Pocos meses después, a principios de 1983, la fatalidad parece abatirse sobre él. Enferma de mononucleosis, una enfermedad con cierta incidencia en los nadadores de alta competición, y su preparación para los Juegos Olímpicos se ve retardada hasta finales de aquel año, ya con los Juegos a la vista. Por suerte para él, su fuerte naturaleza y su decidida voluntad de sobreponerse a la enfermedad, le ayudan a superarla.
 
1984. Es la hora de los Juegos Olímpicos. Pese a todo, Victor se prepara a conciencia para la máxima cita, superando en los “trials” canadienses (19 de junio) su propio récord mundial, los 2,14”77 de Guayaquil, dejándolo en 18 centésimas menos, 2,14”58.
 
El primer día de los Juegos, sin embargo, nueva derrota ante Steve Lundquist en el hectómetro, 1,01”65 por 1,01”99, aunque este tiempo, en una distancia que nunca le ha permitido exprimir al máximo sus portentosas cualidades, le augura buenas esperanzas de caras a los 200m. I, efectivamente, no falla. Destacado desde los primeros metros, pasando en 30”43; 1,03”83, y 1,38”67 en el último viraje, y sin perder su estilo, todo potencia y determinación, termina en unos magníficos 2,13”34, nuevo récord mundial, rebajando en 1”24 segundos, su anterior récord. Vence y convence, superando claramente al australiano Glenn Beringen, segundo, a 2”45 segundos, la mayor diferencia registrada entre los dos primeros de unos JJ.OO. en esta prueba desde que en 1956 la braza se separara de la mariposa. Completa su magnífica actuación con una segunda medalla de plata, conseguida con el relevo de 4x100m.estilos, esta vez sin necesidad de puntapiés en las sillas.
 
Después de un año sabático, 1985, vuelve a la carga en 1986, año en el que le toca defender las medallas conseguidas en los Mundiales y en los Juegos de la Commonwealth cuatro años antes. A finales de julio, en la escocesa Edimbourg, Davis trastoca sus resultados de la Commonwealth. Mientras se impone a Adrian Moorhouse en el hectómetro, 1,03”01 por 1,03”09, se ve sorprendido en los últimos metros del doble hectómetro con su propia arma, el fuerte esprint final, donde el británico es más fuerte que el, arrebatándole la victoria, 2,16”35 por 2,16”70, consiguiendo una segunda medalla de oro al vencer con sus compañeros del 4x100m.estilos.
 
Solo quince días después, Madrid acoge a los participantes en la quinta edición de los Mundiales de natación, entre los cuales nuestro biografiado. Escándalo ya el primer día, cuando el británico Adrian Moorhouse parece vengarse de su reciente derrota de Edimbourg, imponiéndose a Davis en el hectómetro, aunque poco después sea descalificado, presuntamente por haber efectuado una patada de ”delfin” en el viraje. El juez de viraje de Moorhouse es, precisamente,…..canadiense, y ello provoca la lógica protesta de la delegación británica, aunque, naturalmente, sea imposible cambiar la decisión del juez-árbitro, y la victoria es para Davis con un tiempo de 1,02”71, lo que le permite soñar, conociendo sus preferencias por la distancia larga, en un doble triunfo, prácticamente inédito en las dos competiciones internacionales más importantes (Juegos Olímpicos y Campeonatos Mundiales) ya que solo lo había conseguido el británico David Wilkie en los Mundiales de Cali-1975 (en los JJ.OO. no se conseguirá este doblete hasta Sydney-2000, con el italiano Fioravanti, mientras en los Mundiales lo conseguirán más tarde tanto el húngaro Norbert Rosza en Roma-1994, como el japonés Kosuke Kitajima en Barcelona-2003, y el norteamericano Brendan Hansen en Montreal-2005).
 
Los planes de Davis, sin embargo, no se cumplen. Pocos días después, en la final de los 200m. le sale la “criada respondona” en forma del primero de las grandes figuras húngaras de la braza, Jozsef Szabo, que, en una carrera épica (1,05”05 para Davis a mitad de carrera, 1,05”70 par Szabo) remonta en los últimos metros al canadiense, para derrotarle, 2,14”27 por 2,14”93, muy lejos del récord mundial del canadiense.
 
Poco a poco el canadiense va perdiendo aquella “chispa” que le había permitido señorear la braza mundial. Dos años, 1988, después se presenta a disputar los JJ.OO. de Seúl, aunque se queda sin poder defender su título olímpico puesto que no logra clasificarse para los 200m. en los “trials” de su país. En una llegada apretadísima, 89 centésimas de diferencia entre el primero y el séptimo clasificado, Víctor se ve “agraciado” con el cuarto lugar, 1,02”38 (por detrás de su máximo rival, Adrian Moorhouse, 1,02”04; del húngaro Karoly Guttler, 1,02”05, y del soviético Dmitri Volkov, 1,02”20). El último día, consigue su última medalla, una de plata en los 4x100m.estilos, por detrás de los EE.UU., señalando, 1,00”99, el mejor tiempo de los ocho bracistas finalistas de esta prueba.
 
Tiene 24 años y medio, una edad para empezar a pensar en la retirada (por lo menos en aquel tiempo). Ha conseguido ser campeón olímpico y campeón y recordista mundial. Tiene en su poder 29 títulos de campeón canadiense, dominando a sus compatriotas bracistas prácticamente a lo largo de toda esta década de los 80. Tiene los títulos de mejor nadador canadiense de los años 82, 84 y 86, y es miembro de la Orden del Canadá, un título honorífico que solo se concede a los que han llevado el nombre del país por el mundo entero.
 
Y, sobretodo, parece que las fuerzas empiezan a fallar. En julio de 1989 toma la decisión irrevocable, sin querer escuchar algunas voces que le piden alargue su retirada hasta 1990 para defender sus títulos de la Commonwealth y de los Mundiales. Es el adiós de un verdadero líder y capitán del equipo; de quien en cualquier ocasión ha sabido animar a sus compañeros en horas bajas; del que nunca se ha dado por vencido en ninguna prueba, impregnando con su voluntad y decisión a sus compañeros que han luchado por las piscinas del mundo entero.
 
11 de noviembre de 1989. Victor Davis se encuentra en un bar tomando unas copas junto con su novia y una pareja amiga, saboreando su reciente retirada. Aunque nunca se sabrá exactamente como ocurrió, parece que un muchacho algo bebido intenta meterse con la novia de Victor, y este lo empuja alejándolo de ella. A la salida del bar, un coche se lanza contra Victor, atropellándolo mortalmente. Dos días más tarde, después de luchar denodadamente contra la muerte, se extingue, no sin antes haber hecho donación de su corazón y su hígado para que otras dos personas puedan prolongar su vida durante unos años más. Sus cenizas serán lanzadas al rió San Lorenzo, para descansar envuelto en este líquido que compartió con él afanes, alegrías y tristezas, buenos y malos momentos.
 
Nunca se supo quien fue el que segó su joven vida, aunque se supone que el culpable fue el personaje al que Victor amonestó, y que quiso vengarse de él.
 
En memoria de su hijo, sus padres fundaron el “Victor Davis Memorial Found”, para ayudar a nadadores canadienses que no reciben suficientes ayudas para poder llevar a cabo sus entrenamientos. Su pueblo natal, Guelph, puso su nombre a la piscina donde él habia entrenado hasta convertirse en el mejor bracista mundial, la “Victor Davis Memorial Pool”.
 
17 de setiembre del 2000. Sydney. Final de los 100m.braza. En la calle número 1, un canadiense, Morgan Knabe se despoja de su camiseta, mirándola resueltamente antes de dejarla en el cajón de recogida. Por última vez pasa por su mente el juramento que se hizo en 1993, cuando su entrenador, Jan Bidrman (un checo refugiado político en el Canadá) le regaló, como premio a un buen entrenamiento, la camiseta que Victor Davis se había quitado, como él, poco antes de su triunfo olímpico en Los Angeles. Morgan uno de los más decididos “fans” de Victor, del cual conocía vida y milagros, se había jurado a sí mismo que seria campeón olímpico como homenaje a su ídolo, al cual no había podido conocer (había nacido en 1981).
 
Desgraciadamente, la historia no tiene un final feliz. La vida puede ser así. Morgan Knabe no pudo pasar del 6o. lugar en los 100m.braza de Sydney, y fue eliminado, 10o., en “semis” de los 200m., y aunque cuatro años después volvió a intentarlo en Atenas, tuvo peor suerte al no pasar de las eliminatorias, ni de los 100, ni de los 200m. Con todo, estamos seguros de que Victor lo animó, desde allí donde estuviera, como lo había hecho con cualquiera de sus compañeros cuando era el lider y capitán de su equipo.
 
 
Guillem Alsina