El día que papá Boiteux se bañó vestido (con gorra y todo)

Es un 30 de julio de 1952. En la piscina finlandesa (Uinti-Stadion para los locales) donde se disputan las pruebas de natación de los Juegos Olímpicos, no cabe, como suele decirse, ni la cabeza de un alfiler. Se disputa, entre otras, la final de los 400m.libres masculinos, en la que, además del norteamericano de origen hawaiano Ford Konno, y del francés Jean Boiteux, hay un cierto favoritismo para el sueco Per-Olaf Östrand, yi, ya desde el inicio de las pruebas de natación el público finlandés, a falta de buenos nadadores locales, ha “adoptado” a los suecos (nación con la que tienen estrechos vínculos de amistad) como si fueran suyos, alentándolos y aplaudiéndoles en todas sus actuaciones.
 
Alban Minville, el veterano entrenador francés, creador de las dos últimas maravillas de la natación gala (Alex Jany había sido la primera; Jean Boiteux era, ahora, la segunda) da las últimas instrucciones a su joven pupilo, favorito “a priori” de la prueba, aunque este título de favorito saben bien, entrenador y nadador, que no significa nada en unos Juegos Olímpicos, donde cualquier distracción o fallo puede costarte el título e incluso la medalla. En las semifinales nadadas el día anterior, Boiteux había vencido al sueco, 4,33”1 por 4,33”6, superando el récord olímpico, y acercándose en una décima de segundo al mejor tiempo mundial de la prueba en piscina larga del japonés Hironoshin Furuhashi (en aquel tiempo se homologaban los récords mundiales sin tener en cuenta la longitud de piscina, 25 o 50m. e incluso 33,33m.).
 
Para la final, el problema de Boiteux, según el diagnóstico de su entrenador, es, por un lado, tener que distanciarse del norteamericano Konno, bien conocido por su endiablado “finish”, su velocidad en el último largo de carrera, mientras ha de intentar “cansar” al sueco, conocido por sus facultades de mantener cualquier tipo de ritmo, para no correr el riesgo de que, llegando excesivamente fresco al último largo, pueda vencerle al “sprint”. y todo ello, evidentemente, sin correr el peligro de marcar un ritmo excesivamente fuerte, que acabe por agotarse él solo.
 
Para establecer el ritmo que debe llevar su nadador, Minville tiene la indicación del tiempo que Boiteux ha señalado en su tramo del 4x200m.nadado el día anterior, 2,06”4, lo que le indica que es, por lo menos en los 200m., ligeramente más fuerte que Konno, y bastante más que Östrand, por lo que el francés podía pasar por 2,12”, y atacar inmediatamente después, para poner K.O. al sueco, y agotar a Konno lo suficiente como para que no pudiera hacer uso de su temible “finish”.
 
Dicho y hecho. Desde los primeros metros la lucha se inicia entre Boiteux y Konno, que nadan juntos, con Östrand prácticamente a su altura. 1,02”7 en el primer hectómetro para ambos nadadores; 1,03”7 par el sueco, animado por gran parte del público. A mitad de carrera, el francés es primero, 2,11”8 (respetando el consejo de Minville) con Konno a una corta décima, 2,11”9, mientras Östrand, falto de velocidad, sigue tercero, a poco menos de dos segundos, 2,13”7. Apenas ha efectuado su viraje, Boiteux ataca decididamente, y empieza a tomar una pequeña ventaja sobre el norteamericano, que es de ocho décimas al llegar a iniciarse el último hectómetro, 3,21”7 por 3,22”5, mientras el sueco, haciendo honor a su fama, intenta “pegarse” a sus rivales, recuperando un poco del terreno perdido, 3,23”6.
 
Boiteux ha nadado el tercer hectómetro en 1,09”9, y esto puede pagarlo en el último cien. Sin embargo, aprieta todavía un poco más el acelerador, aumentando en unos valiosos centímetros su ventaja sobre Konno, antes de iniciarse el último largo, mientras el sueco, que también ha acelerado en este tercer cien, no puede mantener su ritmo, y quedará fuera de la lucha por el título, completamente agotado (nadará el último hectómetro en 1,11”6, aunque no tendrá problemas para mantener su tercer lugar, ganándose una bien merecida medalla de bronce).
 
Al iniciarse el último largo ocurre lo que el francés temía. Konno, pese al fuerte ritmo al que le ha sometido el francés, inicia su habitual y temible “demarrage” final. Centímetro a centímetro el hawaiano va recuperando su desventaja. Después del viraje sus manos hienden el agua a la altura de los pies del francés; veinte metros después lo hacen a la altura de los muslos; veinte metros más allá, a la altura de la cintura. Parece que va a alcanzarlo, pero, finalmente, el desgaste provocado por el fuerte ritmo del francés puede con él. A quince metros de la llegada su “sprint” se rompe.
 
Jean Boiteux es campeón olímpico de los 400m.crol: su esfuerzo entre los 200 y los 300m. ha agotado las fuerzas de Konno. Sus 4,30”7, por 4,31”3 de Konno, representan un nuevo récord olímpico, y un nuevo mejor tiempo mundial en piscina larga, mucho mejor, por lo menos teóricamente, que los 4,26”9 que el australiano John Marshall había conseguido como récord mundial en 1951, en piscina de 25 yardas.
 
No ha transcurrido ni un minuto desde que Boiteux se ha proclamado campeón olímpico que un hombre completamente vestido, gorra vasca incluida, se lanza al agua para abrazarlo. Es su padre, Gaston Boiteux. Después de abrazarse, el ya medalla de oro, le ayuda a salir del agua.
 
De todos los Juegos Olímpicos, ninguna escena ha sido más fotografiada ni cinematografiada que la de Jean Boiteux ayudando a su padre a salir del agua; ninguna más reproducida en los periódicos de todo el mundo, que Gaston Boiteux chorreando agua, pero feliz y satisfecho por el triunfo de su hijo.
 
Este, por su parte, debía a su progenitor la afición a la natación. Gaston Boiteux, el padre, había sido un buen nadador de travesías; Bienna Pellegry, la madre, seleccionada olímpica, nadando el 4x100m.crol en los Juegos de Paris-1924, y Ámsterdam-1928, al igual que su hermano, Salvator Pellegry, recordista francés, igualmente olímpico.
 
Gaston, que tenia una piscina en el jardin de su casa, había visto las posibilidades de su hijo, hablando con Alban Minville, entrenador del club de Tolosa del Llenguadoc (el famoso DTOEC: Dauphins du Toulouse Olympique Employee Club) que se avino a tomarle bajo su tutela, trasladándose de La Ciotat (cerca de Marsella, donde vivía su familia) a la capital del Llenguadoc, donde se convirtió en el primer campeón olímpico francés.
 
Le vimos hace unos pocos días, todavía bien derecho a sus 73 años, en el homenaje que se le tributó en Canet del Rosselló, con motivo de la 2a.etapa del Circuito Mare Nostrum.      
 
Guillem Alsina