Gary Hall Jr.

Hace unas semanas comentábamos lo que había sido la vida y los hechos natatorios del sueco Arne Borg, uno de los “heterodoxos” que, de vez en cuando, aparecen por las piscinas, sirviendo de contrapeso a la fuerte disciplina que acostumbra a reinar en ellas.
 
Pues hoy nos queremos referir a otro de estos “heterodoxos”, mucho más moderno, aunque no por ello menos “heterodoxo” que aquel. Se trata, nada más, ni nada menos, que del campeón olímpico de los 50m.crol en 2000 (título compartido con su compañero de entrenos Anthony Ervin) y 2004 (este en solitario). Un egregio Gary Hall, al que se le acostumbra a añadir un muy americano “Jr.” para distinguirlo de su no menos egregio padre, distinguido por un no menos americano “Sr.” (un maravilloso estilista de los años 1968-1976 que consiguió varios récords mundiales, aunque “fracasó” (por decirlo de alguna forma) en su intento de conseguir la consagración olímpica en 1972) y que le tomó el gusto a los JJ.OO. cuando su “Sr.” lo “paseó” al cuello por la piscina olímpica de Montreal, después de recoger el bronce de los 100m.mariposa.
 
Una brillante carrera, mucho mejor que la de su padre, lo espera, pese a la diabetes que lo condenará a depender de la insulina toda su vida.  
 
Nacido el 26 de septiembre de 1974, su carrera se inicia bastante más tarde de lo que acostumbra a ser normal en un campeón olímpico, aunque ello no significara que no le gustara nuestro deporte, sino que, sencillamente, “no tenia ganas de tomársela en serio”. El 22 de julio de 1996, a los poco más de 21 años, accedía a sus primeras finales olímpicas, los 50 y 100m.crol. Pese a una presentación que ya hacía presumir su posterior “heterodoxia” (se presenta a la final como si de un combate de boxeo se tratara, golpeando al aire con sus puños, desafiando a su máximo rival Alexander Popov) esto no le sirve de nada, puesto que el “Zar” se impone en ambas pruebas, derrotando a los velocistas USA ante su propio público.
 
Las dos medallas de plata no colmaron, evidentemente, el orgullo del “Jr.”, que juró vengarse del ruso en Sydney.
 
En 1998 aumenta su aureola de “heterodoxo”. Cogido “in fraganti” fumando marihuana, es suspendido por un corto periodo de tres meses, aunque ello no le afecta para nada en la preparación para su venganza australina, y allí no falla. Los 50m. son para él, aunque ha de compartir el podio con su gran amigo Ervin, con el que se entrena en Phoenix, por lo que no le importa absolutamente nada compartir su título.
 
Ya ha conseguido su venganza; pero a sus 26 años, la natación continúa gustándole, y se propone continuar hasta Atenas. Sin embargo, su “heterodoxia” le impide ceñirse al comportamiento “ortodoxo” de cualquier nadador. Aparece y desaparece de los entrenamientos cuando y como quiere; diversifica sus entrenamientos, haciéndolos tanto en una piscina como en el mar, rió, o lago, según él “para no aburrirme, andando arriba y abajo de una piscina”.
 
Compite muy poco, y solo un año antes de Atenas parece tomárselo más en serio, presentándose más asiduamente en la piscina. El resultado, segundo título de los 50m.crol, este en solitario, aunque sea por una sola centésima frente al croata Duje Draganja. La presentación de la final es la más adecuada para este peculiar personaje: desafiando a sus directivos, se presenta vistiendo unas bermudas con la bandera USA, y un albornoz, pareciendo más un boxeador que no un nadador.
 
Después, en la rueda de prensa posterior a su victoria, dirá: “de mi presentación más vale no hablar; ya supongo que no era la más adecuada, y que voy a recibir una buena bronca, pero ¿ que quieren que haga ?, es la que me trae más suerte, y, en ocasiones, va bien desafiar a la autoridad, es la sal de la vida”.
 
Pero es indudable que sus métodos resultan, y su segundo título lo coloca ahora en buena posición para conseguir lo que su “odiado” rival Popov no había conseguido en Sydney, ser el primer hombre en lograr tres títulos olímpicos consecutivos en una misma prueba, y ser, al mismo tiempo, el campeón olímpico más viejo de la natación (si lo lograra, en Beijing-2008 tendrá poco menos de 34 años).
 
Uno de sus rivales, el holandés Pieter van den Hoogenband dijo de él que era más un “showman”, un hombre-espectáculo, que un nadador; que es, añadió, “un hombre que respeta y admira a los que saben vivir la vida fuera de las piscinas”, “a los que no saben ceñir sus horizontes a los cuatro laterales de una piscina”. y Hall dice de él mismo, “tengo verdadera necesidad de hacer pausas en mi actividad deportiva; es lo que explica que todavía me guste nadar a mi edad; hoy por hoy me siento tranquilo, y debo recordar que, con vistas a Atenas, empecé a prepararme solamente un año antes de los Juegos”. y el resultado está la vista.
 
¿Habrá algún secreto?. Quizás sean las barras alimenticias para caballos, que dijo se “tragaba” de vez en cuando, hace unos pocos años. “La natación no es una ciencia; es un arte. y es difícil saber como hay que tratarlo. Es una cuestión de “feeling”, de ajustes; no puedo decir en este momento cual va a ser mi programa de entrenamiento; lo único que puedo garantizar es que me entregaré a fondo, que trabajaré duro”. Pero ¿como de duro?. ¿Quizás como aquel día en que, después de nadar diez piscinas, le confió a su amigo Lenny Krayzelburg que aquello había sido un “duro” entrenamiento?.
 
Cuando alguien se lo toma a broma, el “Jr.” contraataca: “no me gusta; he conseguido muchos triunfos, y si no se trabaja duro no pueden conseguirse; pueden criticarme a mi, pero no pueden criticarme mis resultados”. Hall no va a prodigarse mucho antes de los Juegos de Beijing. Ha hecho una sonada aparición en Zagreb (15o. con un tiempo que parece anecdótico, 23”91) y nadará todavía en los Campeonatos USA de Irvine, este agosto, aunque sin intentar clasificarse para los Mundiales de Melbourne-2007, puesto que, dice “solo me interesan los Juegos, nada más”. y así van a continuar sus entrenamientos junto a sus compañeros de aventuras: el croata Duje Draganja, el polaco Bart Kizierowski, o el lituano Rolandas Gimbutis, todos ellos a las órdenes de Mike Bottom.
 
Pero parece que vamos a tener Gary Hall “Jr.” para mucho tiempo; tiene un raro orgullo en considerarse “un nadador”: “mientras pueda ponerme un traje de baño no voy a retirarme; no me importa nadar en el océano o en una piscina; soy un nadador, y lo voy a ser hasta el fin de mis días”. Casta no le falta.
 
Para los que quieran completar el “estudio” de la figura de este “heterodoxo” de la natación, puede darse un “paseo” por su web: www.garyhalljr.com (garantizamos una buena lectura)
 
Guillem Alsina