Forbes Carlile. El “Mago” del Entrenamiento

A principios de la década de los 40, el australiano Frank Cotton, profesor de la Universidad de Sydney, inició sus trabajos de investigación sobre los efectos del entrenamiento deportivo en el cuerpo humano, enfocándolo, en gran parte, en el estudio sobre nadadores. Pero no únicamente enfocó su trabajo con investigaciones en laboratorio, sino que las combinó con su presencia física en las piscinas, donde colaboró con diferentes entrenadores, haciéndoles participes de sus experiencias para que pudieran aprovecharlas en su trabajo diario, pero también aprendiendo de ellos y de sus experiencias con los nadadores.
 
Fruto de esta colaboración fue el resurgir de la natación australiana, una natación que había brillado con luz propia entre 1850 y 1930, pero que en las siguientes décadas había perdido mucho de su impulso. Con la designación de Melbourne como sede de los Juegos de 1956, la natación “aussie” tuvo la motivación suficiente como para que Cotton y sus “entrenadores-discípulos” comenzaran a trabajar seriamente por el camino que había empezado a trillar Cotton, y que terminaría por llevarles a iniciar una nueva era de la natación.
 
Y uno de los entrenadores-discípulos más importantes de Cotton fue, precisamente, nuestro biografiado, Forbes Carlile. Graduado en la Universidad de Sydney con una tesis sobre los efectos fisiológicos del trabajo muscular, fue Profesor de Fisiología de dicha Universidad entre 1944 y 1955, cuando dejó su carrera universitaria para abrazar la de entrenador de natación ”full-time”, junto con su esposa Ursula, otra graduada universitaria en Educación Física por la Univ. de Adelaida.
 


Forbes Carlile entrevistando a Jon Henricks

Los antecedentes de Carlile con la natación le venían de 1948, cuando había entrenado alguno de los nadadores australianos que participaron en los Juegos de Londres.

 
A partir de aquel momento, “Carlile & wife” se radicaron en Ryde, un suburbio de Sydney, donde iniciaron una intensa y fructífera carrera que les llevó a figurar entre los mejores entrenadores mundiales, y, también, entre los que mayor número de artículos sobre el entreno de nadadores publicaban en revistas especializadas.
 
Fue uno de los cuatro entrenadores que comandaron al equipo “aussie” en aquel gran triunfo que consiguió en Melbourne, donde, como ya hemos dicho, sus estrellas sentaron las bases de lo que iba a ser la natación moderna.
 
En 1961 se trasladó a Holanda, llamado por la federación de este país, para preparar el equipo que participaba en el Europeo de Leipzig-1962. En el país de los tulipanes, realizó una magnífica “faena”, al conseguir que sus discípulos consiguieran un total de cinco medallas (una de oro, una de plata, y tres de bronce) cuando en el conjunto de los ocho anteriores europeos solo habían conseguido cuatro.
 
Hasta Sevilla-1997, que consiguió cuatro medallas, Holanda nunca había representado tanto en la natación europea. Sin embargo, la oposición de algunos entrenadores holandeses a los métodos de entrenamiento de “Carlile & wife” hizo que el matrimonio regresara a su país de origen al terminar aquel mismo año.
 
El desempeño de Carlile abarca todas las facetas del entrenamiento deportivo. Investigó sobre los cambios que ocurren en la sangre a lo largo de todo el proceso de entrenamiento, esforzándose, sobre todo, en comprender el fenómeno del “tapering-off” (el “afinamiento”) del nadador en relación con los cambios ocurridos en la sangre. Investigó en los cambios ocurridos en la “onda T” del electrocardiograma del nadador a lo largo del periodo de entrenamiento (basándose en estos trabajos, fue capaz de dictaminar que, en los Juegos de Roma-1960, uno de los nadadores australianos, el espaldista Jophn Mockton, se había “pasado de rosca” (es decir, se había sobre-entrenado) y que, por ello, no conseguiría los tiempos que debería haber conseguido, como así ocurrió).

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Investigó, igualmente, sobre las variaciones del pulso braquial en la mayor o menor adaptación del organismo a los efectos del entrenamiento. También trabajó sobre las variaciones sufridas por los valores de la tensión arterial en hombres y mujeres durante los periodos de intenso entrenamientos y en el periodo de “tapering-off”.
 
Fue uno de los primeros que recomendó a sus nadadores tomarse el peso corporal cada día antes de iniciar los entrenamientos diarios, para ayudar a prevenir situaciones de sobre-entrenamiento, y, también, vigilar la dieta alimenticia. Hizo trabajos sobre psicología del nadador, sobretodo con el denominado “The Sixteen Personality Factor Questionnaire” de R.Cattell, basado en 374 preguntas, que el nadador debe contestar, y que estudia dieciséis factores de su personalidad, tales como inteligencia, estabilidad y labilidad emocional, ambición, índice neurótico, etc.
 
Finalmente, citemos sus estudios de las variaciones del pulso en diferentes velocidades de natación, lo que le llevó a idear un excelente método de predicción del mejor tiempo que podía conseguir un nadador, basándose en la suma de las pulsaciones de tres periodos de diez segundos, tomados cinco segundos, medio minuto, y un minuto después de terminados varios sub-máximos esfuerzos.
 
Fue, igualmente, un experto en el tema de preparación acuática, donde investigó sobre los efectos del “interval-training” (entreno por intervalos) en la puesta a punto del nadador.
 
Finalmente, citemos que en el campo de preparación física fue el primero que recomendó a sus nadadores la práctica de una corta aunque intensa tabla de gimnasia “a domicilio” (es decir, en la propia casa del nadador) con la finalidad de potenciar esta faceta sin que se resintiera la preparación en el agua aprovechando todo el tiempo que el nadador se encontrara en la piscina.
 
Finalmente, un detalle anecdótico, aunque cierto, que puede indicarnos hasta que punto llegaron los deseos de investigación de este magnífico entrenador. En un determinado momento investigó sobre las posibilidades del hipnotismo, en dos direcciones, completamente opuestas: una, para favorecer la relajación y el reposo del nadador después de fuertes entrenamientos y de la competición; la segunda para favorecer la velocidad del nadador, y para investigar sobre esta segunda faceta, llegó a hipnotizar a varios nadadores, haciéndoles creer que al lanzarse al agua serian perseguidos por una manada de caimanes, prestos a atacarles. El resultado, como nuestros lectores pueden imaginar, fue completamente negativo, resultado que ya se esperaba el propio Carlile, aunque, haciendo prueba de su humor, dio por concluida la prueba asegurando: “lo peor de ello es que, como creían ser perseguidos por caimanes, al llegar al muro de llegada de los primeros 50m., los nadadores, en lugar de girar y continuar la prueba, salían lo más rápido posible de la piscina, para no encontrarse con los caimanes que les perseguían; nunca conseguí convencerles de que hicieran el viraje”.
 
Este y otros ensayos parecidos, hicieron de Forbes Carlile una especie de “mago” de los entrenadores, y con el cual sus nadadores estaban siempre dispuestos a recibir cualquier sorpresa, ya fuera agradable, o divertida, o beneficiosa, o, incluso, las tres cosas en una.
 
 
Guillem Alsina