Arne Borg, el “heterodoxo” de la natación.

Un deporte como el de la natación, donde la disciplina, extrema en ocasiones, ha imperado en casi todas sus grandes figuras, no escapa, sin embargo, de las pocas excepciones que confirman la regla, y el caso extremo es, sin ninguna duda, el del sueco Arne Borg.
 
Nació un 18 de agosto de 1901, junto a su hermano gemelo Ake, y bien pronto se distinguió en nuestro deporte. En 1920 participó en los JJ.OO. de Amberes, siendo eliminado en semifinales de 1.500m.libres (sin que nos conste su tiempo, habiendo señalado 23,53”0 en las eliminatorias) mientras era cuarto del 4x200m.libres. El salto a la fama se inició el 9 de abril de 1922 cuando en una piscina de 25 yardas de Estocolmo superó, de una sola tacada, los récords mundiales de los 400m. y las 440 yardas, con el mismo tiempo de 5,11”8, y el de los 500m., 6,32”9. Pocos meses después, el 18 de agosto del mismo 1922, acrecentaba un poco más su fama al superar el récord mundial de los 1.000m.crol, 14,18”8 en la noruega Christiania (más tarde conocida como Oslo, su capital) y dos días más tarde, en Estocolmo, superaba el de las 1.000 yardas, 13,15”7, ambos en piscina de 50m.
 
Con estos dos récords, el sueco demostraba que el estilo crol también era apto para las pruebas de fondo, ya que hasta entonces, en las distancias superiores a los 500m. siempre se habian empleado modalidades muy parecidas pero que no se podían catalogar exactamente como de “crol” según lo conocemos hoy en día. La modalidad empleada por Borg era ciertamente un poco anárquica, puesto que no tenia ningún reparo en cambiar de ritmo de pies, incluso a lo largo de una misma prueba, empleando ritmos de 2, 3 y hasta 4 tiempos, aunque este último lo empleaba mayoritariamente en pruebas de velocidad.
 
A partir de aquel momento, Borg escala rápidamente la fama, especializándose en pruebas de fondo, aunque sin desdeñar las de velocidad, demostrando ser un “todo terreno” de la natación, aunque sus récords mundiales fueran superados en distancias a partir de las 300 yardas. Entre su primer récord mundial y los JJ.OO. de París-1924, Borg supera otros cinco récords mundiales más, antes de rendir viaje a la capital francesa, donde empieza a crearse el mito de este larguirucho y delgado sueco.
 
El 13 de julio de 1924 se disputan las eliminatorias de la prueba larga, los 1.500m.crol. En la 3a. de ellas, el australiano Andrew “Boy” Charlton, un jovenzuelo de apenas 17 años (le faltan 34 días para cumplirlos, hace honor a la fama que le ha precedido, y vence con un tiempo de 21,20”4, nuevo récord olímpico, y poco más de los 21,15”0 con los que Borg ostenta el récord mundial, conseguido en enero de aquel mismo año en una piscina de 110 yardas en Sydney. En la siguiente, la 4a., nada el sueco, y, al parecer, no le ha gustado nada la demostración del “aussie”, que se presenta como su único adversario al título olímpico. Pasando por 1,09”, 2,31”, 5,23”, y 6,53”6 en el primer tercio de la prueba, Borg baja ligeramente su ritmo, llegando a los 1.000m. en 13,09”4, un nuevo récord mundial de esta distancia (aunque no le será homologado) y, aumentándolo en el último tercio (6,53”6 + 7,15”8 + 7,02”0 en cada uno de ellos) termina con un tiempo de 21,11”4, nuevo récord mundial y olímpico, haciendo valer su condición de gran favorito de “su” prueba.
 
Las semifinales del día siguiente ofrecen el gran espectáculo de ver enfrentados a ambos favoritos (en aquel tiempo las semifinales no se formaban según los tiempos conseguidos en las eliminatorias, sino que eran sorteadas) aunque Charlton domina sin ningún problema, 21,28”4, por 21,50”6 del sueco, que parece reservarse par la gran final. El 15 de julio se disputa, pues, esta apasionante final en la que se enfrentan el descaro del joven “aussie”, estrella ascendente de la natación, y la veteranía del sueco, curtido ya en desplazamientos a lo largo y ancho de la geografía mundial. La final, sin embargo, solo tendrá historia en su primer tercio. Pasando juntos hasta los 300m., 1,08”0, 2,26”, y 3,48” para el sueco, con Charlton a pocas décimas, este toma el mando a los 400m. (5,10”4 por 5,11”0) para despegarse definitivamente a los 500m., 6,31”2, por 6,33” del sueco.
 
El resto de la final se convierte en una cabalgada solitaria del “aussie”, que llega al kilómetro en 13,19”6 (un récord mundial que si le será homologado, aunque es inferior a los 13,09”4 del sueco, del día anterior) con Borg ya muy lejos, 13,33”5, y termina en 20,06”6, un nuevo récord olímpico y mundial, superando por ¡ 64”8 segundos ! el que el día anterior había señalado su rival. Borg por su parte, termina en 20,41”4, nuevo récord europeo, medio minuto exacto por debajo de su anterior.
 
Los dos días siguientes de esta extraordinaria final se disputan las eliminatorias y semifinales de los 400m.crol, en las que el sueco “vegeta”, por así decirlo, recuperando fuerzas. Tiene ante él la casi imposible tarea de derrotar a otro de los mitos de la natación mundial, el extraordinario Johnny Weissmuller, recordista mundial de los 100, 200 y 400m.crol, y que en estas dos primeras rondas demuestra ser el mejor, superando el récord olímpico en 5,22”2 y 5,13”6, antes de la final. En esta, Borg intenta romper el ritmo del norteamericano, aunque sin conseguirlo, puesto que Weissmuller lo sigue a pocas décimas hasta los 300m., antes de superarlo claramente en los metros finales, aprovechando su superior velocidad. Borg es segundo, tras Weissmuller, 5,04”2 por 5,05”6, mientras Charlton es tercero, 5,06”6.
 
Borg demostrará su eclecticidad al clasificarse en los días siguientes para la final de los 100m.crol, aunque sin poder disputar la medalla al magnífico trío USA formado por Weissmuller y los hermanos Kahanamoku, que acaparan totalmente el podio (será la primera y única vez que en una misma prueba individual suben dos hermanos al podio). Es el único, hasta el momento, que ha logrado ser finalista olímpico en todas las pruebas de crol.
 
La leyenda continúa acrecentándose. A pesar de su derrota, Borg continúa superando récord tras récord, consiguiendo victoria tras victoria. Entre 1924 y 1928, supera un total de 19 récords mundiales en distancias que van desde las 300 yardas hasta la milla inglesa (1.609,32 metros), algunos de los cuales han hecho historia. En 1926 gana los 400 y 1.500m.crol de la primera edición de los Europeos, disputados en Budapest, con récord mundial en esta última prueba, 20,04”4; al año siguiente, en los Europeos de Bolonia, gana las tres pruebas de crol, 100, 400 y 1.500m. siendo también el primero y único en vencer en todas las pruebas de crol. En los 1.500m. vence con un tiempo de 19,07”2, superando en casi un minuto su anterior récord de Budapest, 20,04”4, un récord que se mantuvo en el ranking mundial durante once años, hasta que fue batido por el japonés Tomikatsu Amano (18,58”8, 10/08/38 en Tokio) y durante casi 24 años como europeo, cuando el húngaro Gyorgy Csordas lo superó, 18,49”6, en Budapest, 6/07/51.
 
Pasando por 1,04” en el hectómetro (mejor tiempo del que había conseguido el tercer clasificado de los 100m.crol) continua en 4,56” y 10,09” en los 400 y 800m. (este último tiempo mucho mejor que el récord mundial de las 880 yardas de Johnny Weissmuller, 10,22”2, pues la FINA no homologaba, sin que se sepa la razón, el récord mundial de los 800m.) el kilómetro en 12,44” (otro récord mundial, superando sus propios 13,04”2 señalados en 1925) y termina con un magnífico 400m. en 5,06”2 para completar estos formidables 19,07”2.
 
1928, Juegos Olímpicos de Amsterdam. Aun sin estar ya en la forma que había demostrado el año anterior en Bolonia, Borg no tiene problemas para proclamarse campeón olímpico de los 1.500m. señalando un tiempo de 19,51”8, claramente por delante de su enconado rival, aunque amigo, Andrew ”Boy” Charlton, segundo en 20,02”6. Tres días después se disputa la final de los 400m. con un único favorito, Arne Borg, teniendo en cuenta que en la final de los 1.500m., había pasado en 4,58”8 por los 400m., un tiempo que superaba el récord olímpico que había dejado inscrito John Weissmuller con su victoria en Paris-1924.
 
Tomando sin ninguna vergüenza, como en él era habitual, la cabeza, Borg se distancia de sus rivales. 1,02”8 en los primeros 100m. (por 1,07”8 de Charlton, y 1,08”0 del argentino Alberto Zorrilla); 2,19”8 a mitad de carrera (por 2,25”0 de Charlton y 2,26”0 de Zorrilla). A partir de este momento, el sueco empieza a “pinchar” como podía esperarse de sus tiempos de paso (que podían llevarlo a unos inimaginables, en aquel tiempo, 4,48”-4,49”) aunque todavía es un claro y destacado primero en los 300m., 3,43”0 (por 3,45”3 de Charlton, y una décima más del argentino). Sin embargo, lo inimaginable va a ocurrir. Mientras sus dos rivales inician el ataque final, luchando entre ellos, el sueco se hunde dramáticamente. En un emocionante último largo, Zorrilla se impone en los últimos metros a Charlton, 5,01”6 por 5,03”6, mientras Borg, completamente hundido (último hectómetro en 1,21”6, por 1,16”2 de Zorrilla, y 1,18”3 de Charlton) se ve sobrepasado por ambos rivales, y solo puede ser tercero en 5,04”6, víctima, una vez más, de sus irregularidades.
 


Junto con Weismuller

Será la última competición importante del sueco, que el año siguiente se vera descalificado por la FINA en base a un supuesto profesionalismo. De todos eran conocidos los numerosos viajes y giras del sueco por diferentes países, sobretodo Australia, los Estados Unidos y el Japón, durante los cuales, al parecer, habría percibido algunas cantidades en metálico, cosa rigurosamente prohibida en aquel tiempo, y que hacia perder al infractor su “status” de aficionado. Borg, pues, se retiraba por la puerta falsa, poniendo fin a una de las carreras natatorias más completas de la historia de este deporte, colocándose como el nadador que más récords mundiales ha superado, un total de 31, aunque hay que tener en cuenta que en aquellos tiempos se homologaban distancias que no se homologan hoy en día (los 300, 500 y 1.000 metros, y las 330, 440, 880 y 1.760 yardas (la famosa distancia de la milla).

 
Pero, y de ahí el titulo de nuestro artículo, este sueco también fue, diríamos que excesivamente, conocido por sus excentricidades fuera de la piscina. Fumador de habanos, bebedor empedernido, frecuentador incansable de “night’s clubs” (lo que hoy en día serian las discotecas) desarrollaba una intensa actividad “social” fuera de las piscinas que, evidentemente, dificultaban sus entrenamientos, mermando sus extraordinarias facultades físicas, y otorgándole la irregularidad que, seguramente, no le permitieron conseguir mejores resultados.
 
No era raro verle llegar a la piscina para nadar unos 100m., dejar el habano encendido al alcance de la mano, y volver a cogerlo una vez terminada la competición para continuar fumando. Sus competiciones eran, normalmente, una caja de sorpresas, en las que tanto podía superar un récord mundial como hundirse dramáticamente, cuando no deleitaba al público con sus cambios de ritmo, “apretando” durante unos metros, para separarse de sus rivales, y “sestear” durante los siguientes, hasta dejarse alcanzar de nuevo por ellos.
 
Su flotabilidad era tal que se llegó a decir (según parece por el catalán Ángel Sabata) que poseía un pulmón suplementario entre los otros dos, y que en los Juegos de Amsterdam llegó a ser examinado por médicos que, finalmente, dictaminaron la falsedad de dicha afirmación.
 
Después de su gesta de Bolonia, el francés E.G.Drigny, Presidente de la Federación Francesa escribió de él: “Arne Borg, que parece haberse presentado en Bolonia en su mejor momento, no presenta, por lo menos externamente, las características de potencia y determinación que posee en grado sumo. Este muchacho de cuerpo desgarbado, aspecto más bien frágil, y rasgos mongoloides, se transforma, sin embargo, al entrar en competición. Completamente entregado a la lucha que le espera, siempre confiando en si mismo, enjuaga en su boca un poco de agua que coge de la piscina, se desentumece con unos pocos movimientos simiescos, y, al sonar el silbato de salida, se dispara como una flecha, con toda la potencia de su musculatura”.
 
Pero su clase, a pesar de todo ello, era innegable. En 1951 festejaba su quincuagésimo aniversario, de vacaciones en Las Palmas de Gran Canaria, nadando unos 100m. en poco más de 1,05”, cuando su mejor tiempo personal era de un minuto y pocas décimas. Murió el 6 de noviembre de 1987, cumplidos los 86 años.        
 
Guillem Alsina