Cronometraje. Una breve historia

A lo largo de la historia, la natación ha ido ligada invariablemente a la evolución tecnológica de los relojes permitiendo un mejor control del tiempo. Los cronómetros y mecanismos de medición del tiempo en las competiciones actuales poco tienen que ver con las de los principios de la natación.

A finales del siglo XIX se utilizaban cronómetros manuales y mecánicos que medían el tiempo en 1/25 segundos, es decir en cuartos de segundo y los más avanzados en 1/20 segundos. Estos últimos fueron los adoptados para medir las competiciones de natación. Ya a principios del siglo XX aparecieron cronómetros de mano con una precisión de décimas de segundo y estos fueron utilizados en los JJOO de 1904 y 1916.

     

A partir de aproximadamente 1928 queda institucionalizado el uso de cronómetros con una precisión de una décima de segundo y todos los récords mundiales son homologados con esta precisión.

En la década de los 60 surge con fuerza la electrónica y aparecen multitud de máquinas que permiten un control del tiempo más preciso. Al principio son “cajas” bastante grandes y rudimentarias pero año tras año son perfeccionadas. Ya en Tokio 1964 aunque de forma no oficial se utiliza una de estas máquinas que mide las pruebas en centésimas de segundo y establece el orden de llegadas.

      

El cronometraje moderno se experimenta en los juegos panamericanos de 1967, con placas en las paredes de la piscina sensibles a los toques de los nadadores y no al oleaje producido por el nado. Este primer sistema moderno puede medir el tiempo en milésimas de segundo. Finalmente la FINA autoriza el sistema de cronometraje electrónico en 1968 aunque solo admite homologar los tiempos con una precisión de centésimas de segundo.

Cuatro años más tarde, la federación internacional, decide que los récords del mundo sólo puedan ser homologados mediante cronómetro electrónico y en centésimas de segundo.