“Willie” Den Ouden, la recordista de los records.

La bautizaron como Wilhelmintje, pero se hizo famosa en las piscinas como “Willie”. Den Ouden, nació con el año, el primero de enero de 1918. Aprendió pronto a nadar y de la mano de la prestigiosa y autoritaria entrenadora “Ma” Braun (una de las creadoras de la no menos prestigiosa “escuela holandesa” de natación) empezó a distinguirse entre las mejores velocistas de su país, de manera que en los Campeontos de Europa de 1931, con apenas trece años y medio se proclama subcampeona de Europa de los 100m. libres, 1,11”8, vencida únicamente por la francesa Yvonne Godard, consiguiendo el título de los 4x100m.crol.

Un año después, 1932, es decir, con algo más de catorce años y medio se proclama medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Angeles, con un tiempo de 1,07”8, después de haber batido el récord olímpico, 1,07”6, al ganar su semifinal, récord que perdió en la final, vencida por otro de los grandes mitos de la natación mundial, la norteamericana Helen Madison; ganó todavía una segunda medalla de plata al formar parte del equipo de 4x100m.crol que llegó en segundo lugar.

El 3 de mayo de 1933, cuando todavía no había cumplido los quince años y medio, batía su primer récord mundial, al nadar los 200m.crol en un tiempo de 2,28”6, superando los 2,31”6 que su gran rival Madison había conseguido tres años antes. Semanas después, el 9 de julio de 1933, en Amberes, bate su primer récord mundial de la prueba más codiciada, la de los 100m.crol, con unos 1,06”0 que no eran más que el preludio de su mitificación.

Al año siguiente, 1934, y en un breve espacio de semanas, 24 de febrero y 15 de abril respectivamente, la holandesa rebaja en dos ocasiones su récord mundial, 1,05”4, en Amsterdam, y 1,04”8, en Rotterdam, récord que dos años después, un 27 de febrero de 1936 en Amsterdam, poco antes de los Juegos Olímpicos de Berlin, deja establecido en 1,04”6.

Estos 1,04”6 constituyen, por así decirlo, y valga la redundancia, el récord de los récords. Contra él se estrellaron, durante dos décadas, los esfuerzos de las mejores velocistas mundiales de estos veinte años, y no fue hasta un 26 de febrero de 1956, es decir, hasta veinte años menos un día después, que la australiana Dawn Fraser, otro de los insignes mitos de la natación mundial, consigue borrar el nombre de la holandesa de la tabla de récords mundiales, con unos espléndidos 1,04”5, logrados, todo hay que decirlo, en piscina de 55 yardas, y sobre 110 yardas, es decir, 58 centímetros más de 100m., es decir, un valor muy superior, por lo menos teórico, al registro de la holandesa.

Si tenemos en cuenta que den Ouden era recordista mundial de los 100m. desde el 9 de julio de 1933, tendremos que fue recordista mundial del hectómetro poco menos de veintitrés años, otro récord de récords que añadir a su extenso historial.

Pero den Ouden no solo era una velocista pura, sino que su registro era más amplio, llegando a superar un total de trece récords mundiales a lo largo de su vida deportiva, todos ellos en crol. Con un tiempo de 59”8 (Copenhague, 4/02/34) fue la primera en superar el minuto en las 100 yardas (91,43 metros) una distancia anglo-sajona aunque emblemática de la natación mundial hasta 1957, año en que la FINA dejó de homologarla; bajó a 2,25”3 (Copenhague, 8/09/35) sus 2,28”6 de los 200m.; a 2,27”6 en las 220 yardas (Dundee, 15/05/34) los anteriores 2,34”8 de 1931 de Helen Madison; superaba el de las 300 yardas, 3,27”0 (Dundee, 22/06/35) rebajando en más de diez segundos los 3,38”4 de la norteamericana Lenore Kight, conseguido dos años antes; dos récords en los 300m., el primero en 3,58”0 (Rotterdam, 8/10/33), tiempo que bajó hasta 3,50”4 (Copenhague, 10/09/35); otro en los 400m., 5,16”0 (Rotterdam, 12/06/34); y, finalmente, uno en los 500m., 6,48”4 (Rotterdam, 27/03/35).


Foto del 10 de agosto de 1932 en Los Angeles (EEUU). Vencedoras de los 100 metros libres.
Los Angeles Olympic swimming stadium. De izquierda a derecha: Helene Madison (EEUU),
campeona olímpica con el record mundial, Willemijntje Den Ouden (Holanda), segunda y 
E. Saville (EEUU). tercera.


En las grandes competiciones internacionales, sin embargo, alternó las luces y las sombras. En 1934, en los Europeos disputados en Magdebourg, se proclamó doble campeona de Europa de los 100m., 1,07”1, y de los 4x100m.; en los 400m., en cambio, después de una sensacional y disputada carrera, llegó tan junta a su compañera de equipo Ria Mastenbroek, que los jueces de llegada fueron incapaces de determinar cual de las dos había tocado primera el muro de llegada, por lo cual tenia que disputarse una prueba de desempate (el único que se ha producido en una gran competición internacional) una hora después. den Ouden, más débil, física y mentalmente, que Mastenbroek, toda potencia y decisión, renunció a disputar el desempate, según algunos para repartirse los títulos con Mastenbroek (no en vano eran las figuras del equipo) aunque esta última ya había conseguido también el título de los 100m.espalda; según otros, al recibir el “consejo” de algunos directivos, más inclinados a tener como abanderada del equipo a la potente Mastenbroek, que a la débil den Ouden.


Willie con su entrenador Van Wuyckhuyse.

Dos años después, en los Juegos Olímpicos de Berlin, den Ouden, gran favorita de los 100m., por su condición de recordista mundial (y de poseedora del mejor tiempo mundial en piscina larga, 1,05”6) se convertía en un nuevo ejemplo de que poseer un récord no otorga necesariamente un título. Mastenbroek, en cambio, parecía la más fuerte, cuando en las eliminatorias batía el récord olímpico en 1,06”4, tiempo que igualó en su semifinal. En la final, la alemana Gisela Arendt tomó la cabeza, junto a la argentina Jeannette Campbell, con den Ouden prácticamente a su altura, mientras Mastenbroek parecía sorprendentemente fuera de la lucha, girando en sexto lugar. La segunda piscina, sin embargo, le fue fatal a den Ouden. Mientras la alemana y la argentina pudieron mantener su ritmo, Mastenbroek aumentó el suyo, alcanzándolas.


Willie saludando en 1936 al húngaro Ferenc Csik

Den Ouden empezó a atrasarse a partir de los 75 metros, mientras su compatriota, en unos extraordinarios últimos metros de su acostumbrada potencia y determinación, pasó a Campbell y Arendt, logrando el título, 1,05”9, y un nuevo récord olímpico, por delante de la escultural Campbell (proclamada “reina de la belleza”) 1,06”4, y Arendt, 1,06”6. Den Ouden tiene que conformarse con el cuarto lugar, claramente superada en el último tercio de la prueba, 1,07”6, perdiendo su oportunidad de conseguir el oro olímpico, un oro olímpico que consigue, aunque compartido con sus compañeras, en el relevo de 4x100m.

De vuelta a Rotterdam, y pese a su juventud, dieciocho años y medio, decide retirarse. Se retira la nadadora y se inicia el mito. Quizás la ausencia del título olímpico (aunque una medalla de oro de relevos, y dos de plata no las gana cualquiera) en su “curriculum” haga pensar a muchos que la holandesa no fue tan gran nadadora como pueda parecer, pero es evidente que aquellos 1,04”6 marcaron demasiadas generaciones de nadadoras como para no pensar que, en efecto, Willie den Ouden se convirtió en un verdadero mito de la natación mundial, hasta el punto que hubo técnicos y aficionados que llegaron a pensar si aquellos 1,04”6 no constituían poco menos que el límite de las posibilidades en la prueba de velocidad. Después, con Dawn Fraser, se vio que no, que la natación, pese a estos mitos, siempre necesarios en cualquier orden de nuestra existencia, sigue y seguirá progresando, arrastrada precisamente por el deseo de rebasar estos mismos mitos.

Guillem Alsina