La historia de un nadador: Xavier Miralpeix Silvestre

Hace tiempo que tengo la intención de realizar un artículo sobre todos los nadadores españoles que han entrado en una final olímpica, aunque lo confecciono a ratos y no acabo de encontrar la información que me gustaría.

A veces pienso que será un artículo injusto, puesto que algunos se quedaron a las puertas de entrar en una final y por su trayectoria también deberían estar en el artículo. Además por el camino uno encuentra historias que son de obligada difusión. Este es el caso que nos ocupa hoy. Xavier Miralpeix Silvestre fue un nadador que con su esfuerzo pudo llegar a participar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984.

Xavier nadó por España las eliminatorias de los 200 libres el 29 de julio de 1984 en el Olympic Swim Stadium de la Universidad de Southern con un tiempo de 1:55.25.

Estar en unas olimpiadas era un gran sueño igual que lo es para la mayoría de los deportistas, además era la culminación de una voluntad, de un gran esfuerzo que solo los que lo han vivido pueden conocer, no solo físico, si no psicológico, de lucha, de voluntad. Ese mismo año le dieron la medalla de bronce al mérito deportivo como tercer mejor deportista español del año.

Pero un accidente truncó su trayectoria y su pierna, y sus objetivos tuvieron que cambiar. En su día Xavier escribió su experiencia interna de todo lo acontecido, aunque es más la historia de la lucha interna de su vida. Este relato lo puso disponible ya hace unos años en Internet y hoy con su permiso lo voy a recuperar para vosotros.

Actualmente Xavier es el director técnico y primer entrenador del Club Aquatic Castellón. Podéis ver su historial en (http://aquatic-castello.com/index2.php?ir=tecnicos&sel=xavi).

Relato
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LA COMPETICIÓN ….. UNA GRAN LECCIÓN DE VIDA

Mi nombre es Xavier Miralpeix y tengo 33 años. He pensado que quizás te podría interesar este relato, un pensamiento en voz alta sobre mi visión de la vida a través del deporte de competición y de lo que ha significado en algunos momentos claves de mi vida.

Hubo un momento en mi vida que decidí despojarme de la mediocridad que me ofrecía la vida en un barrio barcelonés, quería el formar parte de algo verdaderamente ambicioso y que no dejara dudas sobre mi valía y condiciones. Así que un día decidí inscribirme en un club de Natación para aprender a nadar o mejor que eso ….. nadar lo más rápido posible.
Con los años fuí desarrollando mis conocimientos y formación deportiva, tanto a nivel físico como psíquico y las largas jornadas de entrenamiento iban acrecentando mís ambiciones.
Estaba dejando gran parte de mi vida en el agua, experimentando la agonía a la que te llevan los esfuerzos que superan las 200 pulsaciones por minuto y donde tu corazón se aproxíma a una explosión volcánica que pararía en seco esas ansias de correr.
Sín embargo por exceso de confianza, subestimas esa posibilidad y sigues intentando que tu corazón galope hasta la extenuación, … ¿Sábeis lo que se siente cuando un corazón va al máximo? ¿Sabeis lo que se siente cuando una toxina llamada lactato pretende parar tus brazos y piernas? ¿Sabeis que significa llegar al verdadero límite físico?
Es muy dificil de describir pero desde luego es muy similar a morir un poco.
La agonia llega de tal forma, que empiezas a perder la orientación, sientes mareo y angustia, te sientes “verde”.
Desde luego es lo más parecido a estar al borde de un ¡basta!.
No obstante, no sé por que oscura razón crees de forma contundente que vale la pena intentarlo, y así empiezas la tortuosa andadura que te sube a este torbellino huracanado que es la alta competición.

Al cabo de unos años, empecé a obtener resultados a nivel nacional, construí una base sólida que me llevó a ganar varios campeonatos nacionales y a participar con la Selección Nacional en las distintas categorías.
Mi nivel era cada vez más alto y la exigencia en mi rendimiento absorvía toda mi energía, hasta que llegó el día de obtener la gran recompensa al desmesurado esfuerzo que supone una trayectoría como esa … los Juegos Olimpicos.
Un objetivo deseado por todos los deportistas y que tan pocos se llevan a su palmarés deportivo, la gran hazaña, el día de la verdad.
Sin miedo a la exageración, es como lograr el cielo o el infierno, no hay nada más después de una Olimpiada, solo esperar, a que un día,tus rivales te arrebaten el puesto número uno como si fuera un maldito “Oscar” de Holywood.
No es fácil cuando se está en la cima mantener el “rugido” del vencedor, no es nada fácil, de hecho, éste acaba por convertirse en el susurro de un animal pequeño, insignificante ¿quizás el de un insecto?
La cuestión es que cuando eso pasa, es como si te rompieran en pedazos.
Te sientes vulnerable a la crítica y ésta te afecta a niveles de locura, obsesión, sentimiento de fracaso, te preguntas ¿Que ha pasado? ¿Dónde está el rugido? ¿A que lugar me lleva esta situación?
Todo lo construído se acaba, se derrumba, se desvanece …..
De repente aparece un nuevo sentimiento, la tristeza te invade, no sientes la rabia necesaria para sobreponerte a las circunstancias y pierdes poco a poco la confianza y empiezas a despreciar el esfuerzo que supone esta aventura, a cambio de tan poco, ….. con tan poco tiempo.
Y la gran pregunta surge de tu almohada, ¿Ha servido para algo?.
Esta situación se prolonga en el tiempo sin compasión de quienes te rodean y te aclamaron cuando todo era mucho más fácil. Una sensación de abandono te absorve y piensas cada vez más en tirar la toalla ….

Cuando pasa un tiempo “el chip” vuelve a disminuir la ansiedad y permanece más tranquilo, en paz en su conciéncia y empieza a replantearse la posibilidad de resurgir de las cenizas y porque no ….. a intentar rugir de nuevo ¿quizás mejor que antes?.
Si hay una posibilidad entre cien, te lanzas al río sin más preguntas, y eso hice.

Empecé a entrenar como un verdadero animal, sin miramientos, sin dar posibilidades a ser derrotado, no hay dudas, no existen barreras, no más fantasmas malditos, ni disimulados complejos ….. era otra vez mi momento y el último intento, no aparecerían más opciones.

Pero, las cosas de la vida, no siempre te dan lo que quieres, de hecho, pocas veces te lo dan…. ¿Sabéis de lo que os hablo? , de un nuevo cataclismo personal, una hazaña que sufrir, un accidente sin sentido me arrancó de cuajo mi uno por cien de posibilidades de volver al éxito desenfrenado….. un maldito accidente de tráfico.
Sin embargo, no se porqué no me sentía destrozado ni deprimido, ni siquiera molesto con el coche que me arrolló.
En el fondo me sentía liberado por no tener que demostrar de nuevo mi eficacia, mi poder absoluto en la pileta, mi velocidad, ….. relmente me sentía así. Pero aprendí la lección, … vaya que si la aprendí, y aún así tenía la certeza de que todo tenía un significado, una explicación, no sé …… un motivo.
Y por supuesto que había un motivo. En el hospital el dolor físico me resultaba familiar, soportable y a la vez difícil de contener, a veces casi imposible, pero sin embargo, me resistía a hundirme a desvanecerme, a perder ….. ¡ realmente me era tan familiar esa situación… !, y me preguntaba, ¿ Por qué me resulta tan familiar ?
Entendí enseguida porqué, pero esta vez no luchaba por mantener una clasificación, sino por mantenerme vivo y mi oponente no quería darme ninguna posibilidad.
Por ese motivo esa situación suponía mi mayor atención, mi mayor concentración, la gran carrera hacia la vida, mi mayor y más dura competición, jamás vivida.
Pero sabeis,…conseguí una vez más triunfar y gané la vida,… vaya que si la gané, superé con creces a mi siniestro rival.
No obstante,el esfuerzo, esta vez me hizo perder algo más que una posición, perdí inevitablemente mi pierna,….. pero le gané la partida a mi sublime contrincante .
Ello me volvió a dar autoconfianza y comprensión, reveldía y valor por la vida… y de repente, un día me desperté entendiendo cual era la respuesta a lo que siempre me había estado preguntado y me respondí afirmativamente con un “sí” rotundo, …….. por supuesto que sí había servido para algo, sin lugar a dudas ….. lo volvería a hacer sin cambiar absolutamente nada, ni un éxito, ni un fracaso.

“El buen deportista, afronta y aprende a respetar la dureza del entrenamiento, y a cambio, obtiene la capacidad de superar y reconocer el verdadero LÍMITE de la vida …. la dureza de la vida….. la vida”

Xavier Miralpeix